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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2107

Nano vestía un enterizo rojo muy alegre, con calcetines del mismo color y una pequeña gorra roja que le quedaba adorable.

Estaba acostado en su cuna, mirando a Tesoro con los ojos muy abiertos y soltando carcajadas que llenaban de alegría el ambiente.

Tesoro sacó de su bolso un pequeño saquito aromático y se lo mostró con orgullo.

—Mira, hermanito, este es mi regalo para ti, ¿te gusta?—

Nano la miró curioso, luego miró el saquito y extendió la manita para agarrarlo.

Apenas lo tuvo entre los dedos, instintivamente se lo llevó a la boca.

Tesoro reaccionó rápido y se lo quitó de inmediato.

—¡Eso no se come, Nano!—

Nano agitó las manitas en el aire, un poco frustrado, y frunció la boca a punto de llorar.

De inmediato, Tesoro le dijo con firmeza:

—¡Nada de llorar!—

Nano la miró con los labios apretados, conteniendo las ganas de llorar mientras la observaba atentamente.

Ella le acarició la manita para tranquilizarlo.

—No te dejo comerlo porque es por tu bien. Este regalito es para ver y oler, no para comer, si te lo comes te va a doler la pancita. ¿Sí?—

De pronto Nano volvió a sonreír, como si realmente hubiese entendido lo que Tesoro le había dicho.

Tesoro ató el saquito aromático al borde de la cuna.

—Este es el primer saquito que hago en mi vida, es algo muy especial, así que tienes que cuidarlo muy bien, ¿eh?—

Como el saquito quedó atado, Nano solo podía mirarlo pero no alcanzarlo, así evitaban que se lo llevara otra vez a la boca.

Todos los adultos miraban con ternura a los niños. Samira, curiosa, le preguntó a Carol:

—¿De verdad Tesoro hizo el saquito? ¿Le puso hierbitas medicinales? Es que huelo un aroma como a plantas.—

Carol asintió.

—Sí, tiene un poquito de hierbas, es para que Nano duerma tranquilo. Yo revisé los ingredientes y todo está bien, puedes estar tranquila.—

Carol solo habló de los ingredientes, pero no mencionó nada más.

La verdad era que Tesoro también había puesto un pequeño papelito dentro del saquito.

Aunque Carol la ayudó a prepararlo, tampoco supo nunca qué decía ese papel.

Tesoro le había dicho que era su secreto y que no podía abrirlo para mirar.

Carol, por respeto, aunque le picaba la curiosidad, decidió no insistir.

Incluso, un día, le comentó el asunto a Aspen en privado, preguntándose qué podría haber escrito Tesoro en ese papelito.

Aspen opinó que, como Tesoro aún no sabía escribir mucho, probablemente solo había puesto un deseo bonito.

Carol pensó lo mismo.

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