—¡Mami, papi, hermanos! —lloró Tesoro, con la vocecita entrecortada—. ¡Buaaa...!
Laín, Luca y Miro se apresuraron a calmarla. —Tesoro, no tengas miedo, aquí estamos tus hermanos —le dijeron, rodeándola con cariño.
Ledo, que aún estaba junto a la cuna de Nano, miró a Tesoro conmovido, sintiendo que se le encogía el corazón.
—Tesoro, Tesoro, no tengas miedo, tu hermano Ledo te cuida —le prometió, frunciendo el ceño con determinación.
Sin pensarlo dos veces, apretó los puños y, de un solo movimiento, le torció los dos brazos a la nana Carla, dejándola sin oportunidad de volver a acercarse a Nano.
Enseguida, Ledo se abalanzó sobre los otros dos empleados...
Muy pronto, el cuarto se llenó de gritos y lamentos. —¡Mis brazos, mis brazos! —lloriqueaba la nana Carla, revolcándose en el piso.
Ledo corrió de vuelta con Tesoro para consolarla. —No llores, no llores, tu hermano Ledo te abraza —le dijo, envolviéndola en sus brazos.
Laín le pasó a Tesoro a Ledo y le indicó a Luca que se encargara de la seguridad. Luego le ordenó a Miro:
—Avísale a papá, ya controlamos la situación.
Miro asintió de inmediato. —¡Sí!
Cuando Aspen y Orion entraron al cuarto, encontraron a los tres empleados de la familia Hidalgo tirados en el suelo, retorciéndose de dolor.
Ledo, furioso, les explicó:
—Papá, ¡fueron ellos! Querían hacerle daño a Nano y a Tesoro. Pusieron somníferos en los pastelitos y también en este trapo. ¡Y encima asustaron a Tesoro hasta hacerla llorar!
Tesoro, con los ojos rojos de tanto llorar, corrió hacia Aspen y se quejó entre sollozos:
—Papá, querían llevarme, ¡buaaa...!
Aspen, con el ceño fruncido y el corazón hecho pedazos, se agachó rápido para abrazar a Tesoro y secarle las lágrimas.
—Mientras yo no diga lo contrario, nadie te va a llevar, Tesoro. No tengas miedo —le aseguró con ternura.
Luego, lanzó una mirada fría como el hielo a la nana Carla y a los otros dos empleados.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo