¡Samira y Carol le dieron todo su ánimo!
En la casa de los Hidalgo, Orion acababa de salir del baño, con una bata de esas carísimas que cuestan más que un coche usado, y se acercó a Samira.
—¿Con quién chateabas? —preguntó, medio en broma.
Samira estaba recostada en la cabecera de la cama y ni siquiera levantó la cabeza.
—Con Tania.
Orion entrecerró sus ojos bonitos y siguió con el interrogatorio.
—¿Y en qué van ella y Gael?
Samira por fin lo miró, rodando los ojos con fastidio.
—¿En qué van a estar? Que sí le gusta, eso es seguro, pero el otro ni lo dice ni lo acepta, y la que termina sufriendo es nuestra Tania.
Orion se echó flores.
—Mira, ahí te das cuenta de la diferencia. ¿Ves que conmigo sí te fue bien? Yo no te hago sufrir.
Mientras hablaba, aflojó a propósito el lazo de la bata, dejando un hombro al descubierto, y le lanzó una mirada llena de picardía.
—¿Quieres que tu hombre te dé una muestra de talento?
Samira lo miró, conociendo ya de sobra sus intenciones. Frunció los labios y puso los ojos en blanco.
—¡No, gracias!
—Ay, no seas así. ¿No ves que con este día lluvioso lo mejor que podemos hacer es ejercicio en la cama? Deja que el hermano te baile un striptease, para que admires este cuerpazo y mis movimientos de infarto.
Orion se soltó la bata y dejó ver sus abdominales y esas piernas largas que parecían de modelo.
Y sí, el tipo solo traía puesto un bóxer, y la verdad, estaba para pasarela. Si se metía a un bar de strippers, dejaba a todas las señoras ricas babeando.
A Samira también le gustaba lo que veía, pero ese día no estaba de humor.
Así que, mientras Orion se esforzaba con su "show", Samira solo le soltó una palabra:
—¡Lárgate!
Pero Orion ni se inmutó, al contrario, siguió la broma con descaro.
—¿Largarme? ¿A dónde? ¿A tus brazos? ¡Yo ya voy para allá!
Se lanzó sobre ella, la cubrió con la cobija y, sin más, le plantó un beso apasionado.
Samira apenas iba a reclamar, cuando Orion se adelantó.
—Esta noche no me puedes regañar, ¡yo soy el héroe aquí!
Samira, respirando agitada, lo fulminó con la mirada.
—¿Ahora qué hiciste? ¡Explícate!
Orion se pavoneó.
—¿No que siempre te prometí que iba a arreglar lo de Gael? Pues tranquila, que después de esta noche, mañana esos dos ya van a estar juntos.
Al escuchar que se trataba de Tania, Samira se puso seria.
—¿De verdad?
Orion estaba segurísimo.
—Orion nunca le miente a Samira.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo