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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2192

Casa de Gael.

Después de sentirse animada, Tania decidió que esa noche no dejaría pasar la oportunidad y por fin iba a hablar bien con Gael.

Tenía que lograr que él se abriera con ella.

Quería averiguar por qué, si estaba clarísimo que le gustaba, él no quería estar con ella. ¿Qué lo detenía?

En ese momento, Gael no estaba arriba. Tania se quedó acurrucada en la cama, pensando y repasando en su cabeza lo que le diría.

¿Cómo iba a hablar con él después? ¿Por dónde empezar?

Pero pasaban los minutos y Gael no subía.

A Tania le empezó a entrar la inquietud. ¿Y si la había dejado sola y se había ido? ¿O seguía abajo arreglando la secadora?

Con esas dudas en la cabeza, se destapó y se bajó de la cama, decidida a bajar a buscarlo.

Llevaba puesta una playera de Gael, de esas amplias que a ella le llegaban a medio muslo. Aunque se le veía casi toda la pierna, no se sentía demasiado expuesta.

Al fin y al cabo, Gael era alto y su ropa le quedaba enorme a ella.

Con esa camiseta, parecía una niña jugando a disfrazarse con la ropa de los adultos.

Pero como por dentro no llevaba nada, se sentía un poco incómoda.

Armándose de valor, fue directo al clóset de Gael para buscarse una chamarra o un suéter.

Total, si ya tenía puesta su camiseta, no era tan grave agarrar otra prenda, ¿no?

Abrió el clóset y se topó con una oscuridad total.

Todo era negro: camisetas negras, sudaderas negras, pantalones negros, hasta los calcetines y la ropa interior eran negros, ni un solo color que le diera vida a ese espacio.

Tania frunció el ceño y, de repente, sintió una punzada de lástima por él.

La ropa dice mucho de una persona. El mundo de Gael, igual que su clóset, parecía estar cubierto de negro.

Pensó en cómo sería vivir tanto tiempo en una especie de noche eterna, sin un rayito de luz alrededor. Eso tenía que ser muy pesado, seguro por eso se había ido volviendo más y más solitario.

Tania no podía imaginar todo lo que Gael había pasado estos años.

Pero sí tenía claro que, en esas noches silenciosas, debía sentirse solo.

Se puso una chamarra negra, suspiró y salió del cuarto rumbo a la planta baja, decidida a buscarlo.

Tenía que hablar con él. Haría todo lo posible por sacarlo de esa oscuridad.

No había nadie en la sala. Tania lo llamó:

—¿Gael? ¿Estás en casa?

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