Tania rodeó la cintura de Gael y apoyó la cara en su espalda.
—Aunque no sé por qué no quieres aceptarme, yo sé que en el fondo piensas en mí.
—También sé que por fuera eres frío, pero tu corazón es cálido.
—Gael, yo... la verdad, soy muy común, no brillo como Sami ni soy tan dulce y paciente como Carol, que hasta sabe de medicina. Yo solo soy una chica normal, nada especial.
—Para serte sincera, hasta yo siento que no te merezco.
—Pero me gustas, no puedo evitar quererte cerca.
—Nunca he tenido novio, no sé nada de relaciones, por eso al principio fui tan intensa contigo.
—Después me di cuenta de que estaba mal y lo pensé mucho.
—Estos últimos meses, ni siquiera me he atrevido a molestarte.
—Todos los días pienso en ti, todos los días quiero verte, quiero buscarte... pero no quiero meterme en tu vida, así que me aguanto.
—En este tiempo he cambiado bastante, aunque sigo extrañándote, ya no siento que se me va la vida.
—Con solo pensar en ti, me siento feliz.
—Si no me hubiera dado cuenta de que también te gusto, capaz seguía así, feliz de quererte en silencio, desde lejos.
—Pero ahora que sé que te gusto, ya no puedo quedarme callada.
—Muero de ganas de saber por qué, si te gusto, te empeñas en alejarte de mí.
Gael no respondió, tampoco se fue; solo se quedó ahí, de pie, frunciendo el ceño mientras ella lo abrazaba.
Pasó un buen rato hasta que Gael por fin murmuró:
—Perdón...
Tania lo interrumpió enseguida, sin dejarlo seguir.
—Sé que debes tener tus razones, si no quieres contármelo, está bien.
—Gael, si no soy capaz de iluminar tu mundo, y si de verdad prefieres la oscuridad, entonces déjame acompañarte ahí.
—Estoy dispuesta a dejar este mundo lleno de colores con tal de vivir contigo en la oscuridad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo