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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2223

Beatriz se quedó pasmada al ver el regalo que Carol tenía en las manos.

Tardó varios segundos en reaccionar y, apresurada, abrió el regalo que ella misma tenía entre las manos.

Apenas levantó la tapa, el brillo la deslumbró.

¡Su regalo era exactamente igual al de Carol!

Beatriz abrió los ojos como platos. Rafael se quedó igual de sorprendido. El papá y la mamá de Sebastián también se unieron a la mirada atónita.

Todos estuvieron en shock un buen rato y, casi al mismo tiempo, voltearon a mirar a Gael con cara de interrogación.

Gael, sin entender qué pasaba con sus regalos, miró a todos con nerviosismo. Le preocupaba mucho que Rafael y Beatriz se molestaran, así que se quedó parado, incómodo y expectante.

Aspen, con una sonrisa forzada y un tic nervioso en la comisura de la boca, trató de aliviar la tensión dirigiéndose a Beatriz:

—Gael es muy directo, no le gusta andarse con vueltas. No se lo tomen a mal, es que nunca ha dado regalos y no tiene experiencia, así que lo suyo es ir al grano.

Orion, para complementar, agregó:

—Seguro lo hizo con la mejor intención. ¡El regalo es sencillo pero imponente!

Los dos hermanos, tras decir esto, agarraron a Gael del brazo y se lo llevaron fuera de la habitación.

El ambiente quedó en silencio.

Carol, claramente incómoda, intentó romper el hielo con una sonrisa forzada:

—Pues a mí me parece un buen regalo, ¿no? Bien práctico, ¿verdad, Sami?

Samira no tardó en seguirle el juego:

—¡Sí, sí, sencillo pero con clase! Gael se nota que es una persona transparente. Seguro que a Tania le va a encantar, ¿verdad, Tania?

Samira miró a Tania y le dio un codazo, invitándola a decir algo.

Tania, que todavía seguía en shock, reaccionó y asintió con entusiasmo:

—¡Claro, por algo es mi crush! ¡Qué generoso! Mira nada más esas barras de oro, ¡me fascinan!

Samira y Carol no supieron ni qué decir.

Porque, bueno, a nadie le cae mal el oro, pero escuchar a Tania exagerar solo las hizo sonreír torpemente.

Dios mío, si Gael ni siquiera era materialista, ¿por qué se había empeñado tanto con el tema del dinero?

Como no lo dejaron regalar tarjetas de banco, terminó trayendo barras de oro.

Ahí estaban, dos cajas llenas de lingotes, dejando a todos con la boca abierta.

Beatriz y Rafael, al salir de su asombro, fruncieron el ceño y preguntaron:

—Gael, ¿qué es esto...?

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