Tania seguía ocupada con sus chequeos de rutina, tan concentrada que ni notó cuando Gael se fue del hospital.
Abajo, en el estacionamiento, el ambiente estaba que ardía.
Las tías y primas de Sebastián, todas alborotadas, se peleaban a manotazos con Beatriz y la insultaban a gritos.
—¡Mira nada más! Tu hija hizo algo imperdonable y todavía tienen el descaro de venir a reclamar. ¡Nunca he visto gente tan sinvergüenza como ustedes!
—¡Prepárense, porque hoy vamos a hacer escándalo aquí en el hospital, mañana nos vamos a la escuela de tu hija y pasado mañana a su vecindario! ¡Hasta que todo el mundo sepa la clase de familia que son!
—¡Esto no se va a quedar así! ¡Vamos a hacerle saber a todos quiénes son ustedes de verdad!
Rafael, tirado en el piso, se levantaba como podía, respirando agitado por la rabia.
—¡El que nada debe, nada teme! —gritó, mientras se acercaba para defender a Beatriz, solo para recibir otro puñetazo del primo de Sebastián que lo tumbó de nuevo.
Los lentes de Rafael volaron y la nariz le sangraba.
Beatriz gritó asustada—¡Rafael!—y empujó a las mujeres para correr hacia él.
Pero una de las tías de Sebastián le jaló el cabello con fuerza.
Beatriz, entre el dolor y la furia, vio todo rojo.
—¡Sebastián y los Cervantes siempre han sido personas decentes! ¡¿Cómo es posible que tengan familia tan salvaje?! ¡Hablan y hablan de nosotros, pero ni siquiera saben la verdad!
Los parientes de los Cervantes no se quedaban callados:
—¡Claro que sabemos la verdad! ¡Tu hija se fue con un don nadie, un simple vigilante, y le puso el cuerno a Sebastián! ¡Eso es lo que pasó!
—¡Todos saben que Sebastián es un buen hombre! ¡A ustedes les gusta aprovecharse de la gente buena, pero un día van a pagar por todo lo que han hecho!
—¡Y hoy, si les damos una paliza, es por justicia divina!
Varias mujeres seguían golpeando y pellizcando a Beatriz, haciéndola gritar de dolor.
Al ver a su esposa así, Rafael, desesperado, tanteó en el suelo buscando sus lentes para poder ayudarla.
Pero justo cuando estaba por alcanzarlos, ¡crack!
El primo de Sebastián le pisó los lentes y los hizo trizas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo