Al ver a Gael salir del ascensor, Aspen se adelantó y le saludó con entusiasmo:
—¡Aquí estoy!
Gael se acercó y preguntó:
—¿Y Carol?
—Se fue con Nathan al laboratorio, ya regresan. Gael...
Aspen dudó, como si quisiera decir algo pero no encontraba las palabras.
Gael lo miró, intrigado:
—¿Qué pasa?
Aspen soltó el humo de su cigarro, suspirando largo.
—Cuando Tania esté recuperada, tomate un buen descanso. Llévala a pasear, a distraerse, a que se despeje un poco.
Gael frunció el ceño.
—¿No que ya se viene el conflicto? ¿No me van a necesitar?
Aspen negó suavemente:
—Por ahora no. Tú solo preocúpate por disfrutar. Nadie te va a jalar las orejas por eso.
Gael lo miró fijo, en silencio unos segundos y luego preguntó:
—¿Estás bien? ¿Qué tienes?
Aspen fingió no entender:
—¿Eh?
Gael lo sostuvo con la mirada, directo.
—¿Por qué estás tan bajoneado? ¿Te pasó algo?
Después de veinte años de amistad, Gael lo conocía al derecho y al revés. Y ahora, Aspen tenía la mirada perdida, el ánimo caído, con ese aire de tristeza que no sabía disimular.
Aspen lo miró, sintiendo un nudo en la garganta, y se quedó callado.
Se miraron unos segundos. Gael volvió a preguntar:
—¿Es por no querer lidiar con Cauto y ese tipo? Si no quieres, yo me encargo, no hay problema.
Aspen respiró profundo.
—No es por ellos. Gael, hazme un favor, ¿sí?
Gael ni lo pensó:
—Claro.
Contestó tan rápido que Aspen sonrió, mirándolo con cariño.
—Hazle caso a Carol, en todo lo que te pida. Coopera bien con ella, ¿ok?
Gael asintió, aunque no entendía mucho:
—Está bien... pero, ¿qué es lo que quiere que haga?

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