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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2271

Orion entrecerró sus hermosos ojos, mirando a Gael con una sonrisa pícara y dijo en voz alta para que todos escucharan:

—Si estos papeles son falsos, ¡me los como aquí mismo, delante de todos!

Aspen también se animó a hablarle a los directivos y profesores que estaban allí:

—No subestimen a Gael, eh. Él tiene más plata moviéndose que yo. Yo casi todo lo tengo invertido, pero él, todo lo guarda en el bolsillo. Vive solo hace años, lleva una vida sencilla, ni sale a gastar. Todo lo que gana cada año, lo tiene guardado. ¡Hasta yo le tengo envidia!

Los presentes se miraron entre sí, sin saber qué decir.

Aspen volvió a mirar a Gael y, con tono bromista, agregó:

—Gael, Rafael y Beatriz son parte de la Universidad de Puerto Rafe, y vos, como su futuro yerno, deberías hacerle algún aporte a la universidad, ¿no te parece?

En cuanto el rector y los demás directivos escucharon eso, los ojos se les iluminaron.

Gael los miró y respondió tranquilamente:

—Dono un edificio.

Los directivos se quedaron pasmados. ¿Cómo podía decir que donaba un edificio con la misma facilidad con la que uno ofrece una empanada?

¿Estaba hablando en serio o era puro cuento?

Como nadie decía nada, Gael pensó que quizá les había parecido poco y aclaró:

—Bueno, dono dos edificios.

Los ojos de todos los presentes se abrieron aún más, sin poder creer lo que escuchaban.

Gael, viendo que seguían mudos, se puso serio y dijo:

—Miren, revisen qué necesita la universidad, hagan cuentas y después me pasan el monto que hace falta. Yo transfiero el dinero.

Ahora ya nadie dudaba de lo que escuchaban. Estaban todos boquiabiertos, mirándolo como si estuvieran frente a un milagro.

¡Dios mío!

¡Este sí que era el verdadero mecenas de la universidad!

El rector, emocionadísimo, se levantó para hacerle una reverencia a Gael:

—En nombre de la Universidad de Puerto Rafe, muchísimas gracias, señor Gael.

Los demás directivos se pusieron de pie también, agradeciéndole uno tras otro, y enseguida empezaron a elogiar a Rafael y Beatriz:

—¡Profesor Rafael, profesora Beatriz, qué suerte tienen de tener un yerno así!

—¡La universidad está bendecida por ustedes!

Rafael y Beatriz, rojos de la emoción y el orgullo, apenas podían contenerse.

Para ellos, que valoraban tanto el “qué dirán”, ver a Gael donando a la universidad era más emocionante que si el regalo fuera para ellos mismos.

El resto de la gente en el salón se quedó en silencio. Más de uno había pensado que Gael no era más que un simple guardia, seguro con un sueldo menor al de Rafael y Beatriz. ¡Pero resultó ser todo un bombazo!

¡El verdadero yerno de oro!

Las miradas de envidia se posaron en Rafael y Beatriz.

Mientras tanto, Aspen y Orion, sentados con aire tranquilo, miraban a todos con una mirada que decía “¿Lo ven?”

Ellos no eran de andar presumiendo dinero, pero a veces había que poner las cartas sobre la mesa para que dejaran de mirar en menos a alguien. Además, querían que Rafael y Beatriz se sintieran orgullosos. Lo de la donación no era para perjudicar a Gael, sino para hacer felices a los futuros suegros.

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