¡Esto definitivamente no era el estilo de Aspen!
Él había sido capaz de encontrar el virus de octava generación y también descubrió a Cauto; seguro que también sospechaba de él.
Pero ya había pasado un año, y Aspen seguía sin contactarlo.
¿Es que no quería vengar la muerte de sus padres?
¡Imposible!
¡Él era de los que nunca dejaban pasar una ofensa!
Entonces, ¿por qué seguía tan callado?
El hombre de mediana edad tampoco lo entendía del todo; suspiró y dijo: —Vámonos de regreso al departamento.—
El hombre joven lo observó a través del retrovisor, no preguntó más y arrancó el auto, saliendo del estacionamiento subterráneo.
Cambió de tema:
—Profe, si queremos saber si Aspen ya consiguió el virus de octava generación, ¿no deberíamos centrar nuestra atención en los de Ciudad Arenas?—
El hombre de mediana edad negó con la cabeza.
—Ahora Ape tiene a esa gente bajo su protección. Ape ya mandó a su gente a cuidarlos, y en este momento, ni de chiste podríamos hacerles algo.—
—Y la verdad, tampoco es necesario. Lo que podíamos averiguar a través de ellos, ya lo tengo claro.—
—El enfoque debe seguir siendo Sebastián. Por ahora, él es lo importante. ¡Él puede ayudarme a tomar un atajo!—
El joven frunció el ceño mientras manejaba.
—Pero ya hablaste con Sebastián. Si quisiera trabajar con nosotros, ¿no ya nos hubiera contactado desde ayer?—
—Yo siento que él no quiere colaborar.—
El hombre de mediana edad se mantuvo tranquilo: —Démosle un poco más de tiempo.—
—¿Y si de plano nunca acepta?—
El hombre sonrió: —Va a acabar colaborando. Así es la naturaleza humana.—
Antes de que el joven pudiera responder, el hombre continuó:
—Tranquilo, Valen. Aunque Sebastián no quiera, tengo otros medios para ganar esta pelea.—
—No volví para dejarme matar. Si regresé, es porque tengo cómo manejar a Ape.—
Tras decir esto, miró al joven conductor con intención.
—Valen, escuché que Abel lleva años buscándote, más de diez años, todo en secreto. ¿No quieres ir a verlo?—
El joven llevaba cubrebocas y al escuchar esto frunció el entrecejo.
—No hace falta.—
El hombre de mediana edad entrecerró los ojos, lo miró fijamente un momento, pero no insistió, aunque por dentro seguía dándole vueltas al asunto de Abel...
Un rato después, volvió la vista hacia la ventana y justo vio una florería.
Afuera del local había ramos de todo tipo.
—Valen, párate aquí. Ve a comprar un ramo de flores. No volvamos aún al departamento; quiero ir a visitar a Tiberio y Yareni.—
—Ok.—

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo