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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2317

Abel miró a Dúnya con un cariño genuino, de esos que nacen del corazón y no se pueden controlar. Sentía un afecto tan puro por él que no pudo evitar acercarse y revolverle el cabello con ternura.

—En un rato van a venir Aspen y Carol a verte —le dijo—. Si de verdad no quieres quedarte en mi casa, puedo hablar con ellos para que te reciban en la suya.

—Aspen y Carol son buena gente, no te van a decir que no —añadió, seguro de sus palabras.

Dúnya frunció el ceño y guardó silencio, sin saber bien qué contestar.

Abel continuó, hablando despacio y con paciencia:

—No tienes por qué vivir tan a la defensiva, ni tan preocupado todo el tiempo. Intenta relajarte, darte la oportunidad de estar contento, de disfrutar, ¿sí?

—Ya tienes edad para pensar en tener novia, y si sigues tan callado, ¿qué chica se va a fijar en ti? —le dijo con una sonrisa, medio en broma, medio en serio.

Dúnya no respondió, solo bajó la mirada.

Abel entendió que ya había dicho suficiente y se levantó, dejándolo solo para que pensara en todo aquello.

Al bajar las escaleras, se topó con Dirar, que enseguida lo abordó:

—Señor Abel, ¿nos vamos a tener que mudar de su casa? —preguntó, preocupado.

Abel le devolvió la pregunta:

—¿Tú quieres mudarte?

Dirar negó con la cabeza, un poco tímido.

—Yo ya me acostumbré a usted, y usted siempre me ha tratado bien. No quiero irme, pero… tengo que hacer caso a mi hermano.

Verlo tan obediente hizo que Abel le tomara aún más cariño.

—Aunque se muden, no van a estar lejos. Todos vivimos por aquí, así que nos vamos a ver seguido.

—Por cierto, Dirar, estoy pensando en inscribirte en una escuela. Eres muy joven todavía, deberías seguir estudiando. Te pondré en la misma escuela que Laín y Ledo, ¿te parece? —le propuso.

Antes de que Dirar pudiera contestar, Jalal se adelantó:

—¡Esa idea me gusta! ¿A poco tan chiquito y sin escuela? ¡A estudiar se ha dicho! —dijo con entusiasmo.

Los ojos de Dirar brillaron de alegría.

—¿De verdad puedo ir a la escuela? —preguntó, incrédulo.

Abel asintió con una sonrisa:

—¡Claro que sí!

Dirar, muy serio, preguntó bajito:

—¿No es muy caro?

Aquello le partió el corazón a Abel, que enseguida lo tranquilizó riendo:

—No te preocupes por el dinero, yo me encargo de todo.

Dirar se emocionó mucho:

—Gracias, señor Abel. Me gusta mucho estudiar.

Abel volvió a revolverle el cabello:

—Eso es bueno. Si te gusta estudiar, seguro llegarás lejos.

Dirar sonrió, ilusionado:

—Cuando sea alguien en la vida, le voy a agradecer a usted. Le voy a comprar comida rica.

Abel soltó una carcajada:

—¡Trato hecho!

Jalal aprovechó para preguntar:

—¿Y nosotros cuánto tiempo nos vamos a quedar aquí?

Abel se lo pensó y respondió:

—Por ahora no lo sé. En realidad, aunque todo se arregle, no tienen que irse si no quieren. Aquí en Puerto Rafe la educación y la salud son mucho mejores que en su pueblo. Van a vivir mejor, eso se los aseguro.

—No solo para usted, sino también para Dirar y Dúnya, quedarse aquí es la mejor opción.

Jalal entendió. Sabía que su pueblo era muy atrasado.

—¿Y yo podría buscar trabajo? —se animó a preguntar.

Abel iba a responder, pero Jalal se adelantó:

—Sé que no les molesta que esté aquí sin hacer nada, pero todavía soy joven, tengo poco más de cincuenta años, aún puedo trabajar.

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