Media hora después, Gael detuvo el auto bloqueando el paso de Orion.
Orion estaba hecho una furia y ni siquiera reconoció el coche frente a él. Bajó la ventanilla y soltó un grito:
—¿¡Quién carajos eres tú, imbécil!? ¿Te quieres morir o qué?—
Gael abrió la puerta y bajó tranquilamente, caminando directo hacia Orion.
Orion, sorprendido, se quitó los lentes oscuros.
—¿Gael? ¿Eres tú? No manches, ¿qué haces aquí? ¿Por qué me bloqueas el paso?—
Gael se paró junto a la ventanilla y le dijo:
—Quiero invitarte a tomar algo.—
Orion se quedó pasmado.
¡Gael invitando a beber! ¡Era la primera vez en la vida!
¡Si hasta donde se sabía, Gael nunca probaba ni una gota de alcohol!
Orion tardó varios segundos en reaccionar y, frunciendo el ceño, preguntó:
—¿Qué... te rompieron el corazón o qué?—
Gael estuvo a punto de contestar de mala manera, pero se aguantó. Hoy venía a pedir un favor, así que no podía perder el control.
Respondió con mal humor:
—No terminé con nadie, estoy más enamorado que nunca.—
Orion lo miró confundido.
—¿Entonces por qué andas tan raro? ¡Tú que ni hueles el alcohol ahora quieres invitarme a beber!—
Sin esperar respuesta, Orion añadió:
—Olvídalo, no tengo tiempo para esto, quedamos para después. Ahorita de verdad no puedo, muévete que tengo prisa.—
Gael preguntó:
—¿Vas a ver a Sebastián?—
—...Sí, ¿cómo supiste?—
Orion lo miró con suspicacia.
—No me digas que me bloqueaste el paso por él...—
Gael asintió con toda seriedad.
—Sí.—
La cara de Orion se oscureció de golpe.
—¿Ya sabes lo de Sebastián y Betta?—

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