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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2356

Gael estaba de buen humor, y eso, por supuesto, ponía de buenas a Tania también.

Ella seguía trajinando en la cocina.

Cuando Gael terminó de traer todas las cosas, entró y preguntó:

—¿En qué te ayudo?—

Tania estaba frente al sartén, revolviendo los ingredientes, y sin dejar de moverse le dijo:

—Ve y trae las vajillas nuevas que compré, lávalas porque las vamos a usar al rato.—

—Va.—

Un rato después, Gael apareció con el paquete de platos y vasos.

Tania le preguntó:

—¿Sí sabes cómo lavarlos?—

Gael respondió:

—Puedo aprender.—

Ella sonrió, y sin muchos miramientos le explicó:

—Ese es el detergente, échale tantito, y los tallas con el trapo limpio.—

Gael preguntó:

—¿Tantito es cuánto?—

Tania se rió:

—No hay medida, tú échale el ojo y que no sea mucho.—

Gael apretó el frasco y le salió un chorrito, luego pensó que era poco, así que apretó otra vez, y otra, y otra...

Hasta que Tania le gritó:

—¡Ya, ya, ya! ¿Por qué le pones tanto?—

—...Es que tengo miedo de que no queden bien.—

Tania se rió:

—Van a quedar limpios, son nuevos. Nomás enjuágalos y los metes al mueble para desinfectar, no pasa nada.—

—...Ah, ok.—

No sabía si era la primera vez que entraba a una cocina a lavar platos, o si era porque Tania estaba ahí con él, pero Gael sentía que tenía dos manos izquierdas.

¡No le respondían los dedos!

Siguió las instrucciones: primero talló los platos con el trapo, luego abrió la llave para enjuagar.

Y entonces...

¡Vino el espectáculo!

Casi al instante, el fregadero empezó a llenarse de espuma, hasta la mitad y más.

Gael nunca había visto tal cosa y se quedó boquiabierto.

Y él seguía dejando correr el agua, y la espuma seguía subiendo, y ya casi se desbordaba.

Gael no sabía ni qué hacer, todo nervioso.

Tania lo vio y no pudo evitar soltar la carcajada.

Su primer impulso fue dejar la cuchara y gritar:

—¿Dónde está mi celular? ¿Dónde?—

Mientras lo decía, se secaba las manos en el delantal a toda velocidad.

Ya que las tuvo secas, Gael le pasó el teléfono de inmediato:

—Toma.—

No sabía para qué lo quería, pero si ella lo pedía, él se lo daba.

Tania, emocionada, le dijo:

—¡Desbloquéalo! ¡Rápido! ¡Voy a tomar fotos, grabar video, esto hay que dejarlo para la posteridad!—

Gael: —...—

Tania, muerta de risa:

—¡En una emergencia, primero se toma foto!—

Y así, entre risas, tomó fotos y grabó video del desastre. Después, ya medio apurada, fue a cerrar la llave del agua.

Pero justo cuando cerró el grifo, escucharon un "¡puf!" desde la estufa: ¡se le estaba quemando la comida!

Por estar riéndose de Gael, se le olvidó lo que tenía en el sartén.

Tania corrió a apagar el fuego, pero Gael fue más rápido, la jaló hacia atrás y se puso él al frente.

En situaciones de peligro, ahí sí no se le hacía bolas el engrudo. Con todo aplomo, tapó el sartén con la tapa y ahogó el fuego.

Pasaron unos minutos, Gael levantó la tapa, y ya no había fuego.

Pero la comida... parecía carbón. No se distinguía ni qué era.

Después de tanto ajetreo, lo único que lograron fue un sartén lleno de restos negros y un fregadero repleto de espuma.

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