La pasión entre Gael y Tania subió como la espuma. Gael la alzó en brazos, la besó intensamente y, sin soltarla, salió del baño rumbo a la habitación de arriba...
Mientras tanto, en la casa de al lado, Abel estaba recostado en la cama, con la mirada perdida en su celular. No dejaba de mirar una foto: ahí aparecía Valentino, con un cubrebocas puesto.
Apenas ese día Abel se había enterado de su nombre: Valentino.
Sin embargo, en las más de diez fotos que le había mandado el guardaespaldas, Valentino siempre llevaba el cubrebocas, así que era imposible ver bien su rostro.
Solo podía distinguir sus ojos y sus cejas.
Pero con solo esos pequeños detalles, Abel sentía una extraña familiaridad, como si su corazón supiera la verdad.
Estaba convencido de que Valentino era la persona a la que había estado buscando durante tanto tiempo.
Sin embargo, no entendía qué hacía Valentino al lado de alguien como Víctor.
Él sabía que Valentino era una buena persona, y no podía aceptar que estuviera en el mismo mundo que Víctor, tan opuestos como podían ser.
Justo mientras pensaba en esto, entró una llamada desconocida.
Abel, distraído mientras pasaba las fotos de Valentino, contestó sin querer.
Del otro lado se escuchó la voz de Víctor:
—Abel, cuánto tiempo sin vernos.
Abel frunció el ceño, sorprendido.
—¿Qué quieres?
Víctor continuó:
—Sé que llevas años buscando a tu hermano. ¿Quieres verlo?
Abel se incorporó de inmediato.
—¿Dónde está? ¡Dímelo!
Pero Víctor no respondió directamente, solo soltó:
—Si de verdad quieres saber de él, ven a buscarme. Te puedo contar cómo ha sido su vida todos estos años. Y, quién sabe, tal vez hasta te ayude a encontrarte con él.
Abel, cada vez más tenso, preguntó:
—¿Qué pretendes con esto?
—¿Yo?— Víctor se hizo el desentendido.
—No te creo capaz de ayudarme por simple bondad. ¿Qué quieres de mí?
Hubo un silencio breve en la línea.

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