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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2369

Al día siguiente, Carol fue temprano a visitar a Betta.

Por la tarde, Aspen fue solo a recoger a los niños a la escuela.

Apenas lo vieron, Tesoro salió corriendo como una pequeña duendecilla y se lanzó a sus brazos, gritándole con esa vocecita dulce de niña pequeña:

—¡Papi!—

El corazón de Aspen se le derretía de puro amor. La levantó en brazos y le preguntó sonriente:

—¿Te divertiste hoy en la escuela?—

—¡Sí! ¿Papi, pensaste en mí hoy?—

—¡Claro que sí, mi amor!—

Tesoro se acercó para darle un beso en la mejilla y murmuró:

—¡Yo también pensé en ti, papi!—

La sonrisa de Aspen era radiante, llena de orgullo y ternura.

Una niña tan adorable como Tesoro era el tesoro de cualquier papá. ¡Si alguien se atrevía a hacerle algo, Aspen sería capaz de todo por defenderla!

Luego miró a los cuatro hermanos:

—¿Y ustedes, qué tal les fue en la escuela hoy?—

Ledo levantó la barbilla, presumiendo:

—Hoy en deportes, yo... bueno, ¡tu hijo fue el primero en la carrera!—

Luca agregó:

—La profe de arte dijo que mis dibujos son los mejores de la clase.—

Tesoro, queriendo participar, contó:

—¡La maestra dijo que como muy bien! ¡Hoy me comí dos platos de arroz!—

Levantó dos deditos, tan tierna que daba risa.

Aspen los felicitó:

—¡Los tres son geniales! ¿Y ustedes, Laín y Miro, se la pasaron bien?—

Los dos asintieron y preguntaron:

—¿Dónde está mamá?—

Ledo miró alrededor, confundido:

—¿Por qué mamá no vino por nosotros?—

Aspen explicó:

—Ella y tu madrina nos esperan en el restaurante. Vamos para allá.—

Tesoro preguntó, ilusionada:

—¿Vamos a cenar rico esta noche?—

Aspen asintió:

—Sí.—

—¿Y tengo que ir a casa a ponerme mi vestido de princesa?—

Aspen sonrió:

—No hace falta, mi Tesoro se ve hermosa hasta con el uniforme.—

Los cinco niños y Aspen subieron al carro y pusieron rumbo al Hotel San Rafael.

Tesoro y Luca iban en la última fila viendo caricaturas, mientras Laín, sentado detrás de Aspen, le preguntó en voz baja:

—Papi, ¿el señor Cervantes va a hacer algo esta noche?—

Ledo y Miro también miraron a Aspen, serios y preocupados.

Los tres sabían del asunto de Sebastián y Víctor.

Aspen, mientras manejaba, respondió:

—Si no pasa nada raro, seguro que actuarán esta noche.—

Ledo frunció el ceño:

—Si ese tipo se atreve a lastimar a mi hermana, ¡está muerto!—

Cano, la mascota, enroscada en la muñeca de Ledo, asintió sacando la lengüita, como si estuviera de acuerdo.

Aspen les dio confianza:

—Tranquilos, no tendrán oportunidad de hacerle daño a Tesoro. Ustedes solo cuiden a su hermana, lo demás déjenmelo a mí. Coman, jueguen, estén tranquilos.—

Laín preguntó:

—¿Ya tienes todo planeado, papi?—

—...Sí.—

Ledo seguía sin entender:

—Si ya sabes que ese hombre es peligroso, ¿por qué cenar con él? ¿No sería mejor mantenerse lejos?—

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