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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 2430

Los niños sonreían con una alegría radiante.

—¡Si mami es feliz, nosotros también! —decía uno, con una sinceridad que derretía el alma.

—¡Si mami está contenta, nosotros también lo estamos! —repetía otro, contagiando su entusiasmo.

—¡Si a mami le late el corazón dulcito, pues a nosotros también! —agregó el más pequeño, abrazando a Carol con fuerza.

Carol, de tan contenta, no podía hacer otra cosa que acariciarles el cabello y dar besos a diestra y siniestra.

Aspen, por su parte, metió las manos en los bolsillos e intentó disimular, ajustándose el pantalón con discreción. Hacía mucho que no se sentía tan cerca de Carol y, después de ese beso, su cuerpo todavía no volvía del todo a la normalidad.

Esperó un rato, respirando hondo, antes de hablar.

—¿Y a nadie le importa cómo se siente su papá? —preguntó, fingiendo estar dolido.

Ledo, sin pensarlo dos veces, saltó con una respuesta.

—¿A ti qué te vamos a preguntar? ¡Si mamá ya te dijo que sí se casa contigo, seguro estás más feliz que perro con dos colas! Ni hace falta preguntar, se te nota lo contento. ¡Y seguro el corazón se te hace de azúcar!

Laín, Luca y Miro asintieron a la vez. —¡Eso mismo! —

Aspen solo pudo quedarse en silencio, reprimiendo una sonrisa.

Ledo, todavía envalentonado, añadió:

—El día que yo consiga una esposa tan bonita y buena como mami, seguro también ando por ahí con una sonrisa de oreja a oreja.

Carol no pudo evitar reírse en voz alta.

—¿Y tú cuántos años tienes, que ya andas pensando en esposa? —le dijo, divertida.

Ledo respondió muy serio:

—Solo lo pienso, pero de grande quiero encontrarme una chica que se parezca a mami.

Carol pensó que no quería seguirle el juego con ese tema. Al fin y al cabo, aún le faltaba mucho para andar buscando novia.

Pero, al escuchar a Ledo, no pudo evitar corregirlo:

—¡No pienses así! —le dijo, mirándolo con cariño—. Sé que me quieres mucho, pero cada niña es única, cada una tiene su propia chispa. Mira, si tu papá dijera que le gusto solo porque me parezco a tu abuela, yo me pondría muy triste.

—Por eso, cuando crezcan y tengan novia, ni se les ocurra andar comparando con mami, ni mencionarla. Si te gusta esa chica, eso es lo que importa.—

—Si tú la quieres, yo también la voy a querer.

Los cuatro asintieron muy convencidos. —¡Sí, mami! ¡Lo recordamos!—

Carol les acarició la cabeza, sintiéndose afortunada.

De pronto, Tesoro ladeó la cabeza y preguntó con una carita de duda:

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