Tal como decía el dicho, los hombres, aunque pasen los años, siguen siendo niños. Necesitan que los mimen, que los animen, que les den su lugar.
...
La cena fue todo un alboroto.
Ayer Aspen se había declarado, hoy Gael se casaba; dos motivos de fiesta que hicieron que todos estuvieran de buen humor, bromeando y riendo en la mesa.
Cuando terminaron de cenar, Gael y Tania ya se alistaban para irse.
Al día siguiente comenzaría su viaje, y esa noche tenían que volver a casa para preparar maletas y revisar los planes.
Antes de que se marcharan, Aspen llamó a Gael aparte, llevándolo hasta el final del pasillo para hablar a solas.
—¿A poco no se siente increíble casarse con la mujer que amas? —le preguntó, sonriendo.
Gael asintió con una media sonrisa.
—Sí —respondió, sincero.
Aspen sonrió de lado.
—Tus papás, donde estén, por fin pueden descansar. Yo también ya me quedo tranquilo, ahora sí puedo dejar de preocuparme por ti —dijo, y se notaba que lo decía de corazón.
El rostro de Gael se puso algo serio.
—Todavía no encuentran el cuerpo de Cauto. Eso no es normal, deberías tener cuidado. Cuando me vaya, fíjate bien en lo que pasa a tu alrededor —advirtió.
Víctor ya había muerto, pero lo de Cauto era un misterio.
No se sabía si estaba vivo o muerto, y eso no dejaba tranquilo a Gael, sobre todo por Aspen.
Al escuchar el nombre de Cauto, Aspen se quedó callado unos segundos y encendió un cigarro.
—No te preocupes por Cauto. Tú solo llévate a Tania y disfruten su viaje. Esté vivo o muerto, aquí no va a armar ningún desmadre —aseguró, confiado.
Gael no dejó de insistir.
—Ese tipo está mal de la cabeza. Si sigue vivo, seguro va a venir por ti. No creo que te deje tranquilo ni para tu boda —dijo, con preocupación.
Aspen dio una calada y, sin darle demasiada importancia, le contestó:
—Mira, a Víctor nunca le tuve miedo, menos a él. Sabe pelear, pero no es tan listo como Víctor. No creo que tenga con qué armar algo serio —aseguró.
Gael frunció el ceño, callado.
Sabía que, aunque todo parecía estar bien, había algo raro en la manera en que los planes de Aspen habían resultado.
Aspen, captando su inquietud, le dijo:
—Ya sabes cómo soy. Solo ocúpate de disfrutar, cuídate y cuida a Tania. Olvídate de todo lo de Puerto Rafe.
—A partir de ahora, tu único trabajo es ponerle toda tu atención a Tania, estar con ella y hacerla feliz —le insistió.
Gael asintió.

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