Valentino mantuvo el rostro sereno, sin responder la pregunta del hombre; simplemente dijo:
—Quiero hablar cara a cara con el señor Capuro.
El hombre frunció el ceño y lo miró fijamente unos segundos antes de contestar:
—Vuelve a tu cuarto a descansar. En cuanto tenga noticias, te aviso de inmediato.
Valentino asintió, se dio la vuelta y se marchó.
Apenas Valentino salió, uno de los hombres de confianza del jefe entró al salón y preguntó en voz baja:
—Jefe, ¿cómo fue que Valentino se dio cuenta de que usted no es el verdadero?
El hombre apretó la mandíbula y respondió, molesto:
—¡Ni idea de cómo lo notó!
El subordinado insistió:
—¿Está seguro de que lo sabe o solo está tratando de sonsacarnos información?
El jefe lo miró con frialdad:
—¿Hace falta preguntar? ¡Fue demasiado obvio! Sabe perfectamente nuestro secreto.
El hombre de confianza frunció el entrecejo, preocupado:
—Siempre sentí que ese tipo era peligroso, pero no imaginé que llegaría a tanto. ¿Quién es realmente Valentino, jefe?
El jefe soltó un largo suspiro, resignado:
—No lo sé. Solo sé que no es alguien común y corriente… y que tiene mucho dinero. Voy a hablar con el señor Capuro. Tú quédate pendiente y no dejes que nadie me interrumpa en la oficina.
—¡Entendido! —respondió el hombre enseguida.
***
En otro chalet de madera, Valentino regresó a su habitación. Se sirvió una copa de vino tinto, bebió un par de sorbos y, con la copa en la mano, salió solo al balcón.
Desde ahí se veía la selva espesa y, a lo lejos, unos mercenarios vestidos de camuflaje y armados hasta los dientes.
Valentino los observaba entrecerrando los ojos, sin mostrar si estaba molesto o tranquilo.
De pronto, el celular vibró. Valentino lo sacó del bolsillo y leyó el mensaje:
“Aspen y Abel ya sospechan de ti. Abel mandó a su gente a investigar todo sobre ti.”
Valentino frunció el ceño. Sin soltar la copa, apretó con tanta fuerza que el cristal se rompió en su mano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo