Aspen se recostó en la silla, entrecerrando los ojos, completamente satisfecho con el numerito que acababan de montar César y Thor.
Así que, en cuanto ambos se bajaron del escenario, Aspen les soltó:
—Mañana ustedes dos van de damas de honor.
—¿Qué? —César y Thor se quedaron pasmados, y tras un segundo de silencio, los dos gritaron al unísono—: ¿¡Qué rayos!?
Aspen, tan tranquilo como siempre, lo repitió sin inmutarse:
—Mañana ustedes van de damas de honor.
César y Thor lo miraron como si hubiera perdido la cabeza.
—¡Pero somos hombres! ¡Nos toca ser padrinos, no damas de honor! —protestaron indignados.
Aspen ni se inmutó:
—Se visten de mujer.
Los dos apretaron los labios y dijeron al mismo tiempo:
—¡Ni de chiste!
Aspen preguntó, como si nada:
—¿A poco no aguantan? ¿Ya se van a rajar?
Ellos se quedaron mudos. Alrededor, el grupito de amigos, que estaba feliz viendo el espectáculo, levantó las manos para apoyar la propuesta.
—¡César y Thor, no se hagan! Todos escuchamos, dijeron que el que perdiera cumpliría cualquier reto sin chistar.
—¡Eso, eso! ¡No se dejen caer, que luego los vamos a molestar toda la vida si se echan para atrás!
César y Thor miraron a Aspen con cara de tragedia.
—Aspen, ¿no crees que te estás pasando?
—Para nada —respondió él tan campante.
—¿No te remuerde la conciencia?
—Ni tantito.
Los dos, resignados, desviaron la atención hacia Orion.
—¿Y por qué Orion no tiene que ser dama de honor?
Orion sintió que el corazón se le subía a la garganta, pero Aspen contestó enseguida:
—Porque él tiene a Nano y a Samira.
César y Thor se quedaron en las mismas:
—¿Y eso qué significa?
Aspen les explicó:
—Por consideración a Nano y Samira, lo dejamos seguir como padrino. No lo vamos a poner de dama de honor.

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