Después, pensándolo bien, Carol se dio cuenta de que no había razón para estar tan frustrada. Al fin y al cabo, los indios siempre habían sido así.
No importaba cuál fuera la verdad, porque la verdad estaba en sus manos. Lo importante era lo que ellos creían, y eso era lo que contaba.
De nada servía discutir, tampoco servía mostrar pruebas.
Cuando por fin lo entendió, la usuaria de Puerto Rafe simplemente dejó de “jugar” con ellos y se dedicó a interactuar con gente de otros países. Se pusieron a hablar de autos de lujo y la conversación se puso buenísima.
La llegada del convoy de autos de la boda fue todo un espectáculo para los fanáticos de los coches en todo el mundo. ¡Un verdadero festín visual!
Además del Trono LJ y el Lobo123, los demás autos también tenían buen peso en el círculo internacional de los carros.
Si en vez de autos hubieran sido personas, todos serían casi de sangre azul.
Mientras los hombres discutían sobre los autos de lujo, las mujeres hablaban del ajuar y los regalos de la boda.
La boda de Aspen y Carol ya era el tema de moda en el círculo de la alta sociedad de Puerto Rafe desde hacía días.
Había quienes los envidiaban, y otros que sólo sentían celos.
Eso de que Carol no estaba a la altura de Aspen era un rumor que venía dando vueltas desde que hicieron pública su relación.
Últimamente el tema había explotado y las críticas eran cada vez más fuertes.
Muchas niñas de familia acomodada se burlaban de Carol, unas de frente y otras con indirectas:
—¿Y qué si es la hija del más rico de Ciudad Pacífico? El papá de Carol no se le compara al Sr. Bello. En serio, los Ortega ni pintan al lado de los Bello.
—Exacto. Para el Sr. Bello, ellos son como familia de barrio.
—Y aparte Joaquín es un empresario con pasado en el ejército, ese dinero que tiene se le va en obras de caridad o en buscarle novio a la hija. ¿Qué tanto le puede dar de dote?
—Carol sólo está sacando la lotería, se llevó el premio mayor sin poner nada.
Justo cuando más hablaban, de repente salió a la luz la lista de regalos y dote que la familia Ortega le preparó a Carol. Una lista de precios escandalosos.
Las mismas que hace un minuto cuchicheaban y criticaban, ahora se quedaron mudas.
La lista la había filtrado Joaquín a propósito, sólo para que su hija no quedara en ridículo.
Las hijas de las familias ricas siempre habían vivido en la comodidad, pero ¿cuántas podían presumir de llevarse semejante dote al casarse?
Despreciaban a Carol, pero era como si los patitos feos se burlaran de un cisne.
Al final, las únicas que quedaron en ridículo fueron ellas mismas.

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