Rodrigo le guiñó un ojo a Orion.
—¡Puede confiar en mí!
Orion sonrió. —¿No teme que su esposa le arme un escándalo?
—A la de mi casa le basta con que le dé dinero. Mientras no le salga con un hijo ilegítimo, no le importa. Es bastante comprensiva.
—Vaya, sí que es comprensiva.
—He oído que el señor Orion también es bastante mujeriego —añadió Rodrigo—. Supongo que la famosa estrella Samira Suero también es muy comprensiva en casa.
Orion sonrió sin decir nada. Rodrigo continuó:
—Los hombres, especialmente los ricos como nosotros, somos así, ¿verdad?
Orion volvió a sonreír. —Nos vemos en la noche.
—¡Claro! —asintió Rodrigo.
Luego, le guiñó un ojo a los directores veteranos, con una expresión de “todo está bajo control”.
Darío, de pie en el estrado, explicaba el proyecto a los directores. Todos escuchaban atónitos.
¡La cantidad de dinero involucrada era varias veces mayor de lo que habían imaginado!
Además, al hacer cuentas, la familia Enríquez solo podía ganar.
Incluso si todo el proyecto fracasaba, las pérdidas serían para la familia Hidalgo. Los Enríquez, como mucho, aportarían terrenos y mano de obra.
Pero para los Enríquez, en ese momento, eso apenas representaba un costo.
Los terrenos eran herencia de sus antepasados, abandonados durante muchos años. Si los Enríquez no los usaban, tampoco podían alquilarlos. Si los Hidalgo los utilizaban, hasta les ayudarían a acondicionarlos.
En el futuro, si el proyecto fracasaba, esos terrenos seguirían siendo de los Enríquez, y además podrían alquilarlos a un precio más alto una vez acondicionados.
Y en cuanto a la mano de obra, incluso sin este proyecto, tendrían que seguir pagando los salarios de los trabajadores.
Por eso, los directores veteranos de la familia Enríquez estaban aún más entusiasmados. ¡No podían creer que fuera cierto!
Solo cuando vieron la firma de puño y letra de Hernán Hidalgo y el sello del Grupo Hidalgo, se atrevieron a creerlo.
¡Su aprecio por Orion crecía en la misma medida que su entusiasmo por el proyecto!
Nadie se fue a cenar. Todos acompañaron a Orion y, al terminar, le insistieron una y otra vez a Rodrigo que cuidara bien de él.
Solo cuando Orion y Rodrigo se fueron, el grupo de directores le preguntó a Darío:
—¿Este proyecto se negoció antes del accidente del señor Enríquez?
Darío asintió. —Sí.
—No recuerdo que el señor Enríquez haya ido a Puerto Rafe, ni que el señor Hidalgo haya venido a Leona. ¿Cómo se negoció este proyecto? —preguntó otro.
Darío respondió con fluidez:
—Lo discutieron el año pasado en Ciudad Pacífico. Luego tuvieron varias videoconferencias y finalmente acordaron firmar el contrato en Leona hace una semana. Si no fuera por el accidente del señor Enríquez, el contrato ya estaría firmado.
El grupo frunció el ceño, lamentando en silencio que el accidente de Benjamín no hubiera ocurrido unos días más tarde.

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