—Tu hijo se fue corriendo a la capilla familiar. ¡Va a rezarle a todos los antepasados de los Hidalgo!
»Y yo que le digo que a Tesoro no le gusta Eric Enríquez, y el terco no me cree. ¡Insiste en que es su rival! Y viendo cómo trata a su “rival
¡es de lo más peculiar!
Orion sonrió.
—Está bien. Así consigue que la chica que le gusta se conmueva y que su rival, por culpa, no se atreva a hacerle daño. Mata dos pájaros de un tiro. Te digo una cosa, mi hijo no se quedará soltero. Si se lo propone, conseguirá a la chica que quiera, ¡y a cuantas quiera!
—Ja —rió Samira con frialdad—. Con la actitud que tiene tu hijo hacia Tesoro, a lo mejor sí se queda soltero. Si a Tesoro no le gusta, ¿crees que podrá enamorarse de otra?
—…Probablemente no.
Samira suspiró. —Ay…
—Pero, hoy en día, quedarse soltero no está tan mal —dijo Orion—. Hay mucha gente que no quiere casarse ni tener hijos y vive muy bien. El amor no es una necesidad en la vida.
Inmediatamente añadió:
—Pero tú sí eres mi necesidad. Sin ti, no podría vivir.
—Doble moral —murmuró Samira.
—No es doble moral. Es cierto que el amor no es indispensable para vivir, se puede sobrevivir sin él. Pero una vez que lo tienes, no puedes perderlo. Perderlo después de haberlo tenido, eso sí que puede matarte.
Samira no respondió.
—Así que no tenemos que preocuparnos por ese muchacho —continuó Orion—. Si a Tesoro le gusta, todos felices. Si no, tampoco lo mantendrá ilusionado. Un amor no correspondido no es tener amor, y si nunca lo has tenido, no te dolerá hasta el punto de no poder vivir.
»Mientras Tesoro esté sana y salva, él podrá seguir adelante. Así que no hay de qué preocuparse.
—…Tú sí que eres optimista.
Orion sonrió.
—Claro, ¿no ves quién es mi esposa? Ahora tengo una mentalidad muy positiva. Puedo ver a un desgraciado como Rodrigo y aun así sonreír.
—¿La familia Enríquez no te ha hecho pasar un mal rato? —preguntó Samira.
—No seas tonta. Vine con un proyecto tan grande que no solo no me molestarán, sino que me tratarán como a un rey. ¿Quién le haría un feo al que trae la fortuna?
Samira suspiró aliviada.
—Menos mal. No me esperaba que papá tuviera tanto coraje, que de verdad estuviera dispuesto a arriesgar toda la fortuna de la familia Hidalgo para que fueras a negociar con los Enríquez.
—Papá no lo hizo por mí, ¡lo hizo por su nieto mayor! —dijo Orion.
Samira sonrió. Orion añadió: —Te extraño.
—…Cuídate mucho por allá. Te llamo por video en la noche.
Orion asintió. —De acuerdo.
Mientras charlaban, Darío salió de la habitación.
Orion le dijo algo a Samira y colgó.
—¿Terminaste de leer?
—Acabo de terminar. Los directores de la familia Enríquez han llamado, parece que se están impacientando.

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