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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3163

Orion asintió.

—De acuerdo. Por ahora, no mencionaré mi relación con ustedes para que no sospechen de su identidad. Lo haré solo si es necesario.

—¡Sí! —dijo Ledo.

Gael añadió:

—Si necesitan que intervenga, solo háganme una seña.

—Claro, tío Gael —sonrió Ledo—. ¿Cómo están Dulci y la madrina Tania?

La mirada de Gael se suavizó.

—Están muy bien y te extrañan mucho. ¿Crees que puedas volver a Puerto Rafe a verlas esta vez?

—Lo dudo. Después de resolver el asunto de la familia Enríquez, tengo que llevar a Tesoro de vuelta con mis padres lo antes posible —respondió Ledo.

Al oírlo, una sombra de decepción cruzó el rostro de Gael. Sabía que Dulci anhelaba ver a Ledo, y que se pondría muy feliz si él pudiera volver a Puerto Rafe.

Orion intervino:

—Podemos pedirles a Samira y a Tania que traigan a Dulci y a Nano en secreto. Podemos vernos a escondidas.

Los ojos de Ledo y Tesoro se iluminaron.

—¿Podrían venir?

Orion miró a Gael.

—Samira y Gael no tendrían problema. La pregunta es si Tania y Dulci tienen tiempo.

—Dulci siempre ha querido ver a Ledo —dijo Gael—. Si sabe que está en Leona, seguro querrá venir. Las llamaré más tarde.

Ledo y Tesoro, emocionados, exclamaron:

—¡Diles que vengan!

Mientras hablaban, oyeron la voz de Darío en el pasillo.

—¡Don Salvador! ¿Cómo está mi jefe?

—Ya salieron —dijo Ledo, entrecerrando los ojos.

Orion les indicó:

—Quédense aquí, yo saldré a ver qué pasa.

Orion salió de detrás de la puerta de emergencia y se quedó en el pasillo, observando con los ojos entornados.

Don Salvador, con el ceño fruncido, dijo:

—Por ahora, hemos logrado salvarle la vida, pero sigue en coma.

—¡¿Sigue vivo?! —exclamó Darío, eufórico.

—¡¿Cómo es posible que siga vivo?! —replicó Rodrigo, furioso.

—Efectivamente, sigue vivo —confirmó don Salvador.

Rodrigo iba a decir algo más, pero el asistente de don Salvador intervino:

—El doctor Salvador está muy cansado y necesita descansar. Si tienen algo que decir, háganlo más tarde. La situación es que el señor Enríquez ha sido reanimado, pero sigue en coma y no ha salido del peligro. No sabemos cuándo despertará ni si logrará sobrevivir. Necesitamos seguir observándolo.

Tras decir esto, el asistente escoltó a don Salvador para que se fuera. Al pasar por la puerta de emergencia hacia el ascensor, el grupo seguía murmurando en voz baja:

—Qué extraño, es como si hubiera perdido un trozo de memoria. No recuerdo en qué momento se estabilizó el ritmo cardíaco del señor Enríquez.

—A mí me pasó lo mismo, como si me hubiera quedado dormido a mitad de todo.

—Sea como sea, nuestro maestro es increíble. ¡Logró traer de vuelta del más allá a un paciente que ya no respiraba!

—Totalmente, la habilidad de don Salvador es admirable.

Don Salvador caminaba en medio del grupo con el ceño fruncido y una expresión de desconcierto.

¡Ni él mismo sabía cómo había salvado al hombre!

Tras un momento, dijo:

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