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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3236

Gael frunció el ceño con fuerza, su expresión era una mezcla de asombro y confusión.

—¿Cómo es que un niño nacido allí terminó en la familia Enríquez? ¿Y cómo es que nadie en la familia se dio cuenta?

Arturo suspiró de nuevo, con el ceño fruncido.

—Fue una extraña coincidencia. Mi esposa estuvo embarazada nueve meses, pero tuvo un parto difícil y el bebé nació sin vida.

—No me atreví a mostrar mi dolor delante de mi esposa, ni quería que viera al bebé. Así que salí a escondidas para enterrarlo y, por casualidad, encontré a un niño abandonado junto al río. Ese niño era Marco.

—En ese momento no lo pensé mucho. Vi que el niño aún respiraba y corrí con él al hospital…

—Más tarde, por temor a que mi esposa no pudiera soportar la muerte de nuestro hijo, no me atreví a decirle la verdad. Hice pasar a Marco por nuestro hijo y soborné al personal médico para que guardaran el secreto.

—Como durante todo el embarazo de mi esposa no hubo ninguna anomalía en las revisiones, nadie en la familia sospechó de su identidad. Y así, lo he criado desde entonces.

—Sé que no es un Enríquez, y nunca he pensado en que herede el patrimonio familiar. Nuestra rama de la familia, de todos modos, no tiene ese derecho. Por eso, al criarlo, no sentí que estuviera traicionando a la familia.

—Estos años, he estado investigando en secreto los orígenes de Marco. Este amuleto lo encontré entre sus pañales. Supuse que tenía que estar relacionado con sus orígenes, así que seguí esa pista y llegué hasta allí…

—Cuando lo descubrí, también me quedé muy sorprendido. Aunque no sé mucho sobre ese lugar, sé que la gente de allí no es gente común.

—Conseguir información de ese lugar es prácticamente imposible, así que después de eso no pude averiguar nada más.

—Mi intención era encontrar a sus padres biológicos para, cuando yo muriera, confiarles el cuidado de Marco. Lamentablemente, no los encontré.

—Ay, me temo que no podré encontrarlos en vida, por lo que tengo que buscar a alguien de confianza que me ayude.

Gael frunció el ceño y respondió con sinceridad:

—No conozco muy bien esa zona, no tengo contactos allí. No estoy seguro de poder ayudar.

—Lo entiendo —dijo Arturo—. No te sientas presionado. Si no los encuentras, no pasa nada. Si de verdad no es posible, ayúdalo a encontrar un buen centro de cuidados donde pueda pasar el resto de su vida en paz.

Tras una pausa, Arturo añadió:

—Si Benjamín no hubiera muerto, podría habérselo confiado a él. Pero ahora, solo puedo confiártelo a ti.

Gael guardó silencio unos segundos y luego asintió.

—Haré todo lo que pueda.

—Gracias —dijo Arturo, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

Al ver que Gael solo había guardado el amuleto pero no la tarjeta, se apresuró a metérsela en la mano.

—Sé que no te falta el dinero, pero si no la aceptas, no me quedaré tranquilo.

Gael dudó unos segundos y finalmente aceptó la tarjeta.

—Haré que investiguen. En cuanto tenga noticias, te lo comunicaré de inmediato.

—Bien, bien —asintió Arturo repetidamente.

Cuando Arturo regresó a su habitación, Gael se quedó mirando el amuleto. Lo observó durante un buen rato y, frunciendo el ceño de nuevo, le sacó una foto, la envió y luego hizo una llamada.

—Te acabo de enviar una foto. Investiga su origen.

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