Tras decir eso, Aspen recordó otro asunto pendiente y preguntó:
—¿Hay noticias de Leo Jiménez?
—Ya lo tenemos asegurado —respondió Gael—. Están buscando un lugar seguro para mantenerlo bajo control. Seguramente tardarán un poco en regresar.
—No hay prisa —indicó Aspen con firmeza—. Que aseguren bien el lugar. ¡Lo más importante es que lo mantengan vivo!
La organización detrás del virus de octava generación era un grupo extenso. Mientras más cabos sueltos pudieran capturar con vida, más testigos tendrían para desmantelarlos por completo en el futuro.
Además, Leo estaba directamente implicado en lo que le pasó a la abuela. Dejarlo con vida era fundamental para investigar la tragedia y, finalmente, vengar su muerte.
Weber ya estaba muerto, pero él solo era una de las piezas. ¡Había más involucrados en el asesinato de Doña Rosalba!
Ella nunca se casó ni tuvo hijos, pero la deuda de sangre por su muerte no se desvanecería con el paso de los años.
Hablando a gran escala, la abuela había sido una heroína nacional. A nivel personal, era familia.
¡Por eso su venganza era un mandato absoluto!
Y no solo la de ella, sino también la de todos los veteranos que cayeron injustamente.
Los crímenes ocurrieron hace mucho tiempo, complicando cualquier investigación, ¡pero ni él, ni Carol, ni sus hijos retrocederían ante el desafío!
Doña Rosalba y los demás no dejaron descendencia. Aspen estaba convencido de que el destino había puesto a Carol y a los niños en su camino no solo para honrar su legado, ¡sino para hacer justicia con sus propias manos!
Al pensarlo, Aspen soltó un largo suspiro, relajando el ceño fruncido y mirando a Gael.
—Vete a casa a descansar. Yo iré a la oficina. Si ocurre algo, llámame de inmediato.
Gael asintió.
—Entendido.
Aspen se levantó para salir, pero Gael lo detuvo con una pregunta repentina:
—Parece que te inclinas más por negociar con Ricardo Rojas. Pero lleva oculto en esta ciudad tantos años que hace mucho quedó marginado del núcleo de poder. ¿Estás seguro de que es buena idea pactar con él?
Aspen entrecerró los ojos mientras caminaba hacia la puerta.
—¿Crees que debería pactar con el tipo que me acaba de llamar?
—Tiene más influencia y autoridad dentro del grupo que Ricardo —razonó Gael—. Su palabra pesa más.
—Sí, pero las condiciones que exijo son imposibles de cumplir para él.
Gael lo miró con confusión.
—¿Cómo?
Aspen se detuvo un segundo para explicar.
—Le pedí la lista completa de todos los que participaron en el asesinato de mis padres. No es que la condición sea difícil, es que le es literalmente imposible. Él mismo debe ser uno de los asesinos. ¿Crees que se entregaría voluntariamente?
»Incluso si miente y omite su propio nombre, el resto de los líderes principales de su grupo también están implicados. Si me da sus cabezas y yo logro aniquilarlos a todos, se quedaría solo. ¿Cómo avanzaría con sus planes sin su red de poder?
»No soy ningún idiota. Si me da solo unos cuantos nombres, no le creeré. Y si no le creo, no cerraré el trato. Al final, él habría sacrificado a sus propios hombres sin obtener nada a cambio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo