Aspen también se quedó pasmado un instante, frunció el ceño, tomó la mano de Carol y se la revisó.
—¿Te dolió la mano?
Carol lo ignoró por el momento y miró a Valentina con el ceño fruncido, mostrando una profunda decepción.
—Valentina, ¡¿tienes el descaro de querer arreglarle la corbata a mi esposo y me dices que no es seducción?! Entonces dime, ¡¿qué demonios consideras tú que es seducir?!
Valentina se apresuró a justificarse:
—De verdad que no fue así. ¡Te juro por Dios que no intenté seducir al Señor Bello! Me estás malinterpretando, tú...
Carol puso los ojos en blanco, levantó la mano y ¡plaf, plaf, plaf!, le soltó varias cachetadas más.
Sus movimientos fueron tan rápidos y feroces que Valentina no tuvo siquiera oportunidad de defenderse; ¡solo le quedó recibir los bofetones de lleno!
Carol se detuvo solo cuando se cansó, plantándose con actitud desafiante.
—¿Intentaste seducirlo o no? ¿Tú crees que yo nací ayer? ¿Acaso una mujer decente anda por la vida acomodándole la corbata al marido de otra? ¡¿Eres una niña de tres años o qué, que no conoces los límites?!
A Valentina le ardía el rostro como si tuviera fuego. ¡Apretó los dientes, consumida por el odio!
Con esos golpes, ¡su cara ya estaba hinchada!
Recibir esa humillación frente a tantas personas significaba que había perdido toda su dignidad.
Deseaba con todas sus fuerzas agarrar a Carol del cabello y molerla a bofetadas hasta destrozarle el rostro.
Pero no quería que el asunto se saliera de control. Si esto llegaba a oídos de Thor, lo perdería todo.
Aspen había mencionado las cámaras de seguridad, ¡y ella sabía perfectamente que tenía las de perder!
Además, estaban en el corazón del Grupo Bello, ¡territorio absoluto de Carol!
Tragándose su furia, Valentina rompió en llanto y le dijo a Carol:
—Carol, si yo estuviera soltera, aceptaría que me acusaras de seducir al Señor Bello. ¡Pero resulta que tengo novio, y es precisamente el gran amigo del Señor Bello! ¡¿Cómo se te ocurre que voy a intentar seducirlo?! ¡Es ilógico!
Carol frunció el ceño, como si estuviera reflexionando. «...»
Valentina continuó apresuradamente:
—Piénsalo, Carol. Tú eres mi excompañera, y Thor es amigo del Señor Bello. Nuestros círculos están conectados. Por más estúpida que yo fuera, ¡jamás se me ocurriría lanzarme sobre él!
—Si realmente me involucrara con el Señor Bello, tú y Thor se enterarían de inmediato. ¡No me atrevería! ¡No soy tan tonta!
Carol soltó una risa fría en su mente. A eso no se le llamaba ser tonta, ¡se le llamaba ser una víbora avariciosa!
Pero mientras la destrozaba en sus pensamientos, por fuera mantuvo una expresión seria.
—Es cierto, no tiene sentido. Un acto tan bajo solo lo haría una zorra sin principios. Tú pareces tan recatada, no encaja con tu estilo.
Valentina asintió con rapidez.
—¡Carol, te lo juro, esto es un gran malentendido!
Carol replicó:
—Pero si tienes novio, ¿por qué tenías la necesidad de arreglarle la corbata a otro hombre? ¿Cómo explicas eso?
Valentina se apresuró a excusarse:

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