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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3423

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—Eres muy comprensiva, piensas en todo. ¡Le diré que te invite a cenar un día para compensarlo! Ven, primero te llevaré al hospital para que te revisen.

Valentina se negó rápidamente:

—No hace falta, con ponerme un poco de hielo en casa será suficiente.

Carol insistió:

—Eso no puede ser. Si no te cuidas y te queda una cicatriz, Thor se va a morir de la preocupación y seguro me reclamará a mí.

Después de decir eso, Carol miró a Aspen con tono de reproche.

—Ve preparando un buen regalo para Thor y pídele disculpas en persona. ¡Por tu culpa, su novia terminó recibiendo una golpiza!

A Valentina le aterrorizaba la idea de que Thor se enterara de esto, así que intervino asustada:

—No, de verdad, no es necesario. No quiero que por mi culpa se arruine la amistad entre ustedes.

—Lo de hoy fue solo un malentendido, y ya quedó aclarado. Solo recibí unas bofetadas, no me pasó nada grave ni perdí nada. Que esto quede aquí, pasemos la página y no volvamos a mencionarlo. Ustedes no le digan nada a Thor, y yo tampoco lo haré.

Carol sabía muy bien que el mayor temor de Valentina era que Thor se enterara y empezara a dudar de ella.

Después de todo, ¿qué hombre toleraría que su novia le anduviera arreglando la corbata a otro?

¡Esa excusa tenía más huecos que un colador!

¿Solo porque alguna vez fue vendedora no podía evitar lanzarse a arreglar corbatas ajenas? ¡Qué tontería!

Mientras se burlaba en su interior, por fuera Carol frunció el ceño con una expresión de profunda culpa.

—¿Cómo vamos a pasar la página si te hice tanto daño? Te dejé la cara hinchada y, peor aún, enfrente de tanta gente. Aunque tú quieras olvidarlo, mi conciencia no me dejaría en paz.

Valentina insistió desesperada:

—Te lo juro, estoy bien. Lo digo de corazón. Mientras el malentendido se haya resuelto, todo está perfecto. Acabas de llegar de viaje, deberías ir a descansar con el Señor Bello. No los interrumpo más, tengo mucho trabajo en mi local. Me retiro.

Dicho eso, Valentina intentó huir, pero Carol la retuvo del brazo.

Valentina se sobresaltó.

—¿A... aún hay algo más?

Carol sonrió amablemente.

—Gracias por ser tan comprensiva y no guardarme rencor. Otro día te invito a comer por mi cuenta.

Valentina respondió rápidamente:

—No te preocupes. Cuando tengas tiempo, pásate por mi local y yo te invito.

Carol asintió complacida.

—¡Me parece perfecto! Hay que intercambiar números para mantenernos en contacto.

Valentina no se atrevió a negarse. Se agregaron mutuamente y, tras despedirse a toda prisa, salió huyendo del lugar.

En cuanto Valentina desapareció de su vista, la expresión de Carol cambió drásticamente, mostrando un desprecio absoluto.

Una joven del equipo de secretarias no pudo aguantar la curiosidad y preguntó:

—Jefa, ¿qué táctica de guerra fue esa?

Carol respondió fríamente:

—La táctica de retrasar al enemigo. Si le destruyo la vida en el primer intento, pierdo la diversión de hacerla sufrir internamente. ¡Una tortura lenta duele mucho más!

La chica aplaudió fascinada:

—¡Es usted increíble, jefa!

Aspen miró a Carol con ojos llenos de devoción.

—Te has vuelto muy astuta.

La empleada aprovechó el momento para adularla:

—¡Nuestra jefa es la mujer más lista del mundo! Señor Bello, la jefa nos prometió que tendríamos la tarde libre, ¿verdad que sí?

Aspen volteó a ver a Carol, y ella asintió.

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