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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3436

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A la mañana siguiente, tras despertarse, Carol, Samira y Tania se dirigieron directamente al hospital.

Era el día del control prenatal de Samira, y el Dr. Nathan ya tenía todo preparado.

Después de la revisión de Samira, le hicieron un chequeo general a Tania.

Samira y el bebé estaban en perfectas condiciones, sanos y sin complicaciones. El estado físico de Tania también era excelente; estaba completamente apta para someterse al tratamiento de fertilidad in vitro.

De todos modos, el Dr. Nathan asignó a una especialista para que le explicara detalladamente a Tania todo el proceso y los cuidados necesarios para el tratamiento.

Aprovechando ese lapso, el Dr. Nathan se acercó a Carol.

—Supongo que Aspen ya te lo comentó. Tengo un caso sumamente complejo. Hemos reunido a especialistas en varias juntas médicas y nadie tiene idea de qué está pasando. ¿Podrías echarle un vistazo?

Carol no dudó en aceptar.

—Claro que sí.

La paciente era una niña de cinco años. Antes de la enfermedad, no presentaba ningún síntoma anómalo; era una niña completamente sana. Todo ocurrió de forma repentina.

Según el expediente, el problema radicaba en su corazón. Lo extraño era que el órgano seguía funcionando con normalidad, pero se estaba encogiendo progresivamente.

En un niño sano, el corazón crece a medida que avanza su edad para adaptarse al desarrollo del cuerpo.

En su caso, ocurría exactamente lo contrario.

La historia médica registra casos de corazones con un tamaño inferior al normal, pero siempre van acompañados de otras patologías cardíacas graves.

Sin embargo, el corazón de esta niña estaba experimentando un retroceso en su desarrollo sin ninguna otra enfermedad subyacente.

Con cinco años, su corazón tenía el tamaño del de una niña de tres o cuatro años. El órgano simplemente no tenía la capacidad de soportar el crecimiento natural de su cuerpo, lo que había provocado su colapso.

Al leer el historial, Carol frunció el ceño.

—Es muy inusual.

—¿Crees que tenga salvación? —preguntó el Dr. Nathan, esperanzado.

Carol no asintió ni negó con la cabeza.

—Llévame a verla.

Mientras caminaban por los pasillos, Carol preguntó:

—¿Hay antecedentes de enfermedades cardíacas en su familia?

El Dr. Nathan negó con la cabeza.

—Ninguno. Ya lo investigué a fondo. Las familias de ambos padres son completamente sanas. Revisamos hasta cinco generaciones atrás y no hay un solo historial de cardiopatías.

—Tampoco notaron nada extraño antes de la crisis. La niña iba a la escuela, comía y dormía con total normalidad.

—¿Y la respiración? —preguntó Carol—. Con ese cuadro clínico, sus vías respiratorias deben estar comprometidas.

El Dr. Nathan suspiró.

—Fue una coincidencia terrible. Según la madre, la niña sufre de rinitis alérgica estacional. Días antes de la crisis se quejó de molestias, pero todos asumieron que era su alergia de siempre y no le dieron importancia.

—Como es una afección crónica, le dieron sus medicamentos habituales para la rinitis. No fue hasta que de repente dejó de respirar que los padres notaron que algo andaba muy mal.

El Dr. Nathan la miró con preocupación.

—Si no intervenimos pronto... no le queda mucho tiempo, ¿verdad?

Carol asintió con pesadez.

—Todos sus órganos crecen de forma natural, excepto su corazón, que se encoje. Llegará un punto en que el corazón no soportará la carga y el sistema colapsará.

El Dr. Nathan dejó escapar un largo suspiro.

—Es desgarrador. La madre tuvo muchos problemas de fertilidad. Pasaron años intentándolo hasta que por fin tuvieron a esta niña, su mayor tesoro. Si la pierden... no creo que encuentren fuerzas para seguir viviendo.

Carol frunció el ceño. El destino a veces era cruel e implacable.

Ambos entraron a la habitación de la paciente. Los padres estaban allí.

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