Inmediatamente, Aspen tomó su celular y le escribió un mensaje a Abel:
[Diles a nuestros hombres en Marlando que no regresen todavía. Quiero que averigüen si el pueblo entero está en complicidad. Si es así, busquen a la familia con la peor situación económica y ofrézcanles dinero por debajo del agua para que suelten la lengua.]
Abel respondió al instante: [Entendido.]
Al ver que Aspen ponía el celular en la mesa, Carol le sonrió.
—Come primero, luego te sigues rompiendo la cabeza. La comida es sagrada y hay que disfrutarla.
Dicho esto, se levantó y le sirvió un poco más de arroz caliente.
Aspen la miró con ternura.
—Amor mío, cada día estás más brillante.
Carol levantó la barbilla, fingiendo orgullo.
—¡Por favor! ¡Yo siempre he sido un genio!
Aspen se rio con ganas. Terminaron la cena y, tras recoger juntos la mesa, salieron al jardín a caminar para bajar la comida.
De pronto, el celular de Carol sonó. Era Samira.
—¡Carol, mordió el anzuelo! —anunció emocionada.
—¿Valentina? —preguntó Carol, sorprendida.
—¡Sí! Le acaba de mandar un mensaje a Orion invitándolo a irse de viaje a Cancún.
Carol frunció los labios, satisfecha.
—¡Por fin cayó en la trampa! Al parecer, humillarla fue exactamente lo que necesitaba para desesperarse. ¿Cuándo tienen pensado irse?
—Orion lo está planeando ahora mismo, pero ir hasta Cancún es demasiado lejos para que podamos armar nuestro teatro y atraparla con las manos en la masa. Orion le sugirió un lugar más cerca.
—Qué listo es Orion, siempre piensa en todo. Dile que lo organice bien, pero que trate de que no caiga en fin de semana. Este viernes llegan los niños y quiero aprovechar el tiempo con ellos.
—Ni lo digas, ya lo hablé con él. Los días sagrados con tus hijos no se van a desperdiciar por culpa de una cualquiera como Valentina.
—Perfecto. En cuanto tengan la fecha y el lugar confirmados, avisas por el grupo.
—Hecho —respondió Samira.
Platicaron un rato más de otras cosas antes de colgar.
Aspen, que había estado escuchando, preguntó:
—¿Valentina ya mordió el anzuelo?
Carol asintió con entusiasmo.
—¡Sí! Cuando llegue el momento, nos vamos a llevar a Thor para que vea el espectáculo con sus propios ojos. A ver con qué cara la defiende. Y te advierto una cosa: cuando Thor vaya a pedirle perdón de rodillas a César, ¡no se te ocurra intervenir a favor de Thor! Sé que en el fondo fue manipulado, pero tiene que pagar las consecuencias de su ceguera.
Aspen asintió, sonriendo ante la pasión de su esposa.
—¡Me parece justo!
...
Mientras tanto, en la habitación VIP de un hospital privado.
Valentina terminó de enviarle mensajes a Orion y se recargó en las almohadas, soltando un largo suspiro de alivio.
Esa ansiedad constante que la carcomía por dentro finalmente había desaparecido.
Durante días había estado dándole vueltas al asunto, sin poder comer ni dormir bien por la indecisión. ¡Pero hoy por fin había dado el gran paso!
Si Samira y Carol no hubieran ido a fastidiarla, quizás no se habría decidido tan rápido.
¡Ese par de víboras casi la matan del coraje!
Lo de Samira fue imperdonable, ¡la había pisoteado sin piedad dejándola en ridículo!
Y Carol... ¡Se atrevía a jugar a la santa, con esa cara de mosca muerta que daba náuseas!
¿Acaso no se daba cuenta de que si no hubiera tenido la enorme suerte de parirle hijos a Aspen Bello, jamás habría podido casarse con él?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo