El ceño de César se frunció de inmediato.
—¿Mañana? ¿Y ella aceptó ir?
—¡Ella fue la de la idea! —exclamó Samira con evidente emoción—. Te lo aseguro, mañana todo saldrá perfecto. ¡Le vamos a quitar esa máscara de mosca muerta frente a todos!
Los labios de César temblaron un poco antes de soltar un suspiro.
—Yo no voy.
Samira se quedó perpleja.
—¿Por qué no? Sí, sé que todavía estás convaleciente, pero con Carol cuidándote no te pasará nada malo. ¿Verdad que no, Carol?
Carol asintió lentamente.
—No es lo ideal salir justo después de una cirugía, pero estando yo presente, puedo garantizar que su salud estará estable.
Tania también intervino, intentando animarlo:
—¡Vamos, César! ¡Va a ser un espectáculo imperdible! ¡Si no lo ves con tus propios ojos te vas a arrepentir toda la vida!
César mantuvo su postura rígida.
—No me interesa ir. Los problemas entre ellos ya no son asunto mío. No me vuelvo a meter.
Las tres mujeres se miraron en silencio, sorprendidas por su frialdad. Finalmente, Samira se atrevió a preguntar:
—¿De verdad ya lo soltaste por completo?
César asintió con una expresión vacía.
—Sí. Si mañana deciden casarse, por mí que lo hagan. No me importa.
Samira tragó saliva, consternada.
—... ¿Qué demonios te dijo Thor para lastimarte tanto?
César desvió la mirada. Suspiró profundamente, como si el simple hecho de recordar le pesara en el alma.
—No importa, ya es historia. Ustedes llevan semanas lidiando con esta frustración. Mañana vayan y disfruten la venganza.
—... —Las tres asintieron sin presionar más. Se quedaron charlando de banalidades un rato antes de despedirse y salir de la habitación.
Apenas cruzaron la puerta, Tania explotó:
—¡Me muero de la intriga! ¡¿Qué le pudo haber dicho Thor a César para que lo mandara a volar de esa manera?!
Samira estaba igual de desconcertada.
—Yo siempre escuché que se la pasaban peleando y amenazando con dejar de ser amigos, pero todos sabíamos que eran corajes del momento. ¡Nunca cortaron lazos de verdad! ¡No sé qué veneno le soltó Thor esta vez, pero le dio directo en el orgullo!
—¡Trato de imaginar qué se pueden decir dos hombres para llegar a este extremo y mi mente no da para más!
Carol exhaló un largo y pesado suspiro.
—Yo tampoco logro entenderlo.
—Bueno, mejor ya no le damos vueltas —concluyó Samira—. Lo importante es que a partir de mañana Valentina ya no tendrá dónde esconderse. ¡Pagaría por ver su cara cuando la descubramos!
Tania soltó una carcajada vengativa.
—¡No solo me interesa la cara de ella, también me muero por ver la de Thor! ¡Quiero ver si tiene los pantalones para darle una cachetada ahí mismo!
...
Por otro lado, Orion decidió ir a buscar a Thor.
Desde que Thor se enteró de que César estaba fuera de peligro tras la cirugía, se había encerrado a piedra y lodo en su departamento, sin dar señales de vida.
Orion estuvo golpeando la puerta durante unos buenos quince minutos. Ya estaba a punto de llamar a la policía cuando, finalmente, Thor abrió.
Tenía el cabello revuelto, los ojos hinchados y un fuerte aliento a alcohol.
Orion lo miró de arriba a abajo, con una mueca de desagrado.
—¡Maldita sea! Ya estaba a punto de hablarle a las autoridades. ¡Casi pensé que habías pasado a mejor vida!
Thor se recargó en el marco de la puerta. Se notaba que acababa de despertar de una resaca.
—¿Qué quieres?
—Vine a verte, tenía el presentimiento de que estabas hecho un desastre —respondió Orion, haciéndose a un lado y metiéndose al departamento sin pedir permiso.

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