A Thor lo tomó completamente por sorpresa. Tomó asiento frente a Orion y preguntó:
—¿Hablar de Valentina? ¿Qué tiene que ver ella en esto?
Orion fue directo al grano:
—Lo que no entiendo es por qué, si César siempre te ha advertido que Valentina tiene dobles intenciones, a ti nunca te ha dado ni un poco de curiosidad averiguar el porqué.
Thor se tensó. Su voz se volvió más grave.
—Yo sé perfectamente la clase de mujer que es Valentina. No hay nada de malo en ella.
Orion reprimió una mueca de fastidio y continuó:
—Bueno, entonces ilumíname: ¿por qué César se empeña en decir que es una cualquiera?
Thor frunció el ceño con irritación.
—No lo sé y jamás me he puesto a averiguarlo.
Orion hizo una pausa y lo miró fijamente.
—...Entonces, ¿nunca te ha cruzado por la mente la posibilidad de que César tenga razón? Si Valentina resultara ser una manipuladora, ¿cómo planeas darle la cara a todo el mundo?
Thor respondió de inmediato, sin dudar.
—Ni siquiera lo he pensado. ¡Confío ciegamente en ella!
—O sea que para ti, el que está mal de la cabeza es César —resumió Orion.
Thor se frotó la frente, visiblemente incómodo.
—Últimamente anda muy raro y se mete en muchos problemas. Ya no sé ni qué le pasa por la cabeza.
Orion apretó los labios, intentando contener su propia molestia, y soltó una pregunta que llevaba días guardándose.
—¿Qué demonios le dijiste aquel día para que se ofendiera a tal grado?
Thor desvió la mirada. Después de un largo momento, dijo en voz baja:
—Nada de importancia.
Al ver que no pensaba soltar prenda, Orion no insistió en ese tema, pero regresó al punto principal.
—Vamos a suponer algo, solo suponer. Si resulta que César no estaba inventando cosas y de verdad Valentina es una basura, ¿qué vas a hacer?
El ceño de Thor se profundizó aún más.
—Valentina jamás haría algo...
—Te dije que estamos suponiendo —lo interrumpió Orion, elevando la voz con autoridad.
Thor se quedó callado, fulminando a Orion con la mirada por unos segundos antes de responder con total crudeza:
—¡Me daría un tiro!
Orion: «...» ¡Y justamente por esa razón había decidido venir a verlo! Tenía el presentimiento de que Thor, con lo terco e intenso que era, sería capaz de cometer una estupidez si la realidad le estallaba en la cara.
—A ver si entiendo —replicó Orion, sin ocultar su sarcasmo—. Te enamoras de una mala mujer que te utiliza, y en lugar de hacerla pagar a ella... ¿te matas tú? ¿Qué clase de lógica retorcida es esa?
Thor bajó la mirada, atormentado.
—Si resultara que todo es cierto, y yo, siendo un hombre hecho y derecho, me dejé manipular como un imbécil... me daría tanta vergüenza que no podría seguir vivo. Además, después de haber tratado a César como lo traté por defenderla, morir sería la única forma de pagar mi error.
Orion dejó escapar una risa irónica.
—¡Bravo! O sea que si te matas, ¿el que sale perdiendo más es César?
—Piénsalo: tú por fin abres los ojos y te das cuenta de con quién te metiste, y él, que aguantó tus desprecios, por fin podría decir «te lo dije». Pero como decides matarte por tu estúpido orgullo, ¡ni siquiera le das el gusto de reclamarte y desahogarse! Lo dejas con la culpa encima.
Thor se quedó en silencio, sin saber qué decir.
—...Bueno, entonces dejaría que me agarrara a golpes hasta cansarse antes de irme al otro mundo.
Orion suspiró exasperado, pasándose la mano por el cabello.
—Dime algo, en serio... ¿A ti te parece heroico o de un verdadero hombre acabar con tu propia vida por culpa de una mujer interesada?

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