Thor no pensó demasiado en el asunto y simplemente le aconsejó:
—Llámame en cualquier momento si necesitas algo.
Valentina soltó un suave «mjm», le susurró un par de palabras dulces más y colgó el teléfono.
Reina, que estaba junto a ella, le preguntó con cautela:
—Val, ¿crees que el señor Echeverría sospeche algo?
Valentina guardó el celular y se paró frente al espejo de cuerpo entero, alisándose el cabello largo.
—Lo tengo comiendo de la palma de mi mano. Confía en mí al cien por ciento, ¡te aseguro que no sospechará absolutamente nada!
—Bueno, tengo que salir corriendo. Toma un autobús a casa más tarde y recuerda lo que te dije: por nada del mundo dejes que mis padres vengan a Puerto Rafe a arruinarme los planes.
Reina asintió, rebosante de confianza: —Tranquila, déjame el asunto de tus padres a mí.
Valentina le hizo una transferencia de dinero a Reina, tomó su maleta y salió por la puerta.
Una vez que Valentina abandonó Puerto Rafe, Carol y Samira fueron a buscar a Thor.
—Cámbiate de ropa, te vamos a llevar a un lugar.
Thor se despertó sobresaltado por el ruido que hacían. Frotándose los ojos, preguntó medio dormido: —¿A dónde vamos?
Samira respondió: —Lo sabrás cuando lleguemos.
Thor frunció el ceño: —... ¿Vamos a ver a César Ramiro? No quiero ir.
Samira apretó los labios: —¡Nadie dijo que iríamos a ver a César!
Thor la miró con recelo: —Si no es a César, ¿entonces a quién vamos a ver?
Samira replicó: —Lo sabrás cuando lleguemos. Ahora métete al cuarto y vístete.
Thor miró a Carol, y ella asintió para confirmar.
—César está muy tranquilo en el hospital, de verdad que no te llevamos a verlo a él.
Thor indagó: —¿Entonces fueron mis padres quienes les pidieron que vinieran?
Carol negó con la cabeza: —No.
Thor insistió: —¿Entonces a dónde diablos vamos?
Carol suspiró: —A Ciudad Esmeralda.
Thor se sorprendió: —¿A qué vamos a Ciudad Esmeralda?
Los labios de Carol se movieron ligeramente antes de decir:
—No es conveniente hablarlo ahora, lo entenderás cuando lleguemos. ¿Qué pasa? ¿Acaso tienes miedo de que te vayamos a secuestrar y vender?
Thor se apresuró a aclarar: —No es eso, es solo que me da mucha curiosidad saber a qué vamos hasta allá.
Samira intervino: —Deja de hacer tantas preguntas. Si te decimos que vayas, solo ve. ¡Apúrate!
Thor seguía sintiendo que todo esto tenía que ver con César. Estaba a punto de negarse cuando el teléfono de Samira sonó de repente. Era Tania.

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