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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3469

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Valentina intentó devolverle el golpe con furia, pero Dúnya reaccionó en una fracción de segundo, atrapándole la muñeca y torciéndosela con tanta fuerza que casi se la rompe en dos.

Con los ojos inyectados en sangre por el dolor y la humillación, Valentina gritó:

—¡Si se atreven, mátenme de una buena vez! Porque si salgo viva de esta, ¡las voy a demandar a todas por agresión física! ¡Haré que se pudran en la cárcel! ¡Si van a arruinar mi vida, me aseguraré de arrastrarlas conmigo!

Al escuchar sus amenazas, Samira hizo el ademán de lanzarse a golpearla de nuevo, pero Tania la tomó de los hombros y la obligó a sentarse.

—¡Tranquila, no te expongas! Piensa en el bebé que llevas dentro, no vale la pena que pases un mal rato. ¡Déjanos el trabajo sucio a nosotras!

Sabiendo que tenía razón, Samira se cruzó de brazos y se acomodó en el sofá, protegiendo su embarazo.

Tania dio un paso al frente y descargó una lluvia de cachetadas sobre Valentina, quien empezó a aullar como fiera acorralada.

—¡Tania, se supone que eres una maestra! ¡¿Con qué cara educas a los niños si te comportas como una salvaje?! ¡Eres una vergüenza para la profesión!

Tania soltó una carcajada seca, llena de desprecio.

—Precisamente, siempre les inculco a mis alumnos que ser manso no es sinónimo de ser bueno. Les enseño que si un perro callejero te muerde, no tienes por qué ladrarle de vuelta... ¡pero sí tienes todo el derecho de agarrarlo a palos!

Valentina empezó a llorar y a berrear de forma escandalosa: —¡Las voy a denunciar con la policía! ¡Buaaa!

Samira, que seguía grabando cada segundo con su teléfono móvil, le respondió con aburrimiento:

—Adelante, ve y denuncia todo lo que quieras. Estoy dispuesta a pagar la multa o la indemnización que la corte dicte. Total, te aseguro que jamás verás ni un centavo de ese dinero en tus bolsillos.

—Además, por haber jugado tan descaradamente con los sentimientos de Thor, tendrás que devolverle absolutamente todo lo que te dio. Esa casa que te compró, el auto de lujo, el restaurante que puso a tu nombre y cada uno de esos regalos costosísimos... los perderás todos.

—Y no solo eso. Si es que tienes la suerte de no terminar en la calle, tendrás que compensarlo económicamente por daños y perjuicios.

Valentina, fuera de sí, gritó desesperada:

—¡Todas ustedes ahora pertenecen a la alta sociedad! ¡¿Acaso no les aterra la idea de que todo este escándalo se haga público y terminen humilladas ante todo el país?!

Samira soltó una carcajada genuina y cristalina.

—¿Y por qué nos iba a dar miedo? La única que va a quedar como una cualquiera ante todo el país eres tú.

—Eres el clásico ejemplo de una trepadora de lo peor: traicionaste a un hombre que te amaba ciegamente solo para intentar acostarte con el esposo de otra. Si te matáramos a golpes aquí mismo, ¡la gente diría que te lo tenías bien merecido!

Tania secundó la moción: —¡Exacto! A las roba maridos nadie las defiende. ¡Si te damos tu merecido, hasta nos darían una medalla por hacer limpieza social!

Al segundo siguiente, los alaridos de dolor de Valentina volvieron a inundar la habitación: —...

En los pasillos del hotel, Orion y Thor escuchaban los gritos con total claridad.

Orion intentó apaciguar el ambiente explicándole a su amigo:

—Resulta que Valentina era compañera de universidad de las chicas y ya habían tenido problemas bastante graves en el pasado. Sumado a lo que te hizo a ti y al daño colateral que sufrió César por su culpa, es lógico que quieran desahogarse un poco.

—Si no dejé que te quedaras adentro, fue porque sé que con la rabia que tienes encima, no habrías medido tu fuerza... ¡y capaz que terminabas matándola a golpes!

—La vida de esa víbora no vale ni cinco centavos, y no voy a permitir que arruines tu futuro por ir a la cárcel por su culpa. Las cuentas pendientes que tienes con ella las arreglarás después, cuando tengas la cabeza fría.

Con el rostro ensombrecido y los ojos aún hinchados y rojos, Thor permaneció en un silencio lúgubre: —...

Orion suspiró, recordando su propio pasado.

—¿Alguna vez te he contado la historia de mi primer gran amor? Para serte franco, la traición fue tan brutal que llegué a pensar en quitarme la vida. Mi situación fue mucho más desastrosa que la tuya, te lo juro.

—Me pasó exactamente lo mismo que a ti: era la primera vez que saboreaba lo que era el amor verdadero. Estaba dispuesto a bajarle el cielo y las estrellas, a entregarle todo lo bueno de este mundo. Y ella, a cambio, no solo me fue infiel, sino que por poco destruye mi vida entera...

Los dos hombres caminaban con paso lento por la orilla del mar, dejando que la brisa se llevara sus pesares mientras conversaban.

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