Orion regresó de repente. Echó un vistazo rápido a Valentina, que estaba hecha un ovillo de miseria, y les preguntó a Samira y a Carol:
—¿Ya se desahogaron lo suficiente?
Carol asintió: —¿Y Thor?
Orion señaló hacia afuera: —Está fumando en la puerta. Vámonos, ahora le toca a él terminar de resolver este asunto.
Carol lo miró con evidente preocupación en los ojos: ¿Estará bien?
Orion la tranquilizó: —No se preocupen, Thor sabe lo que hace. No va a echar a perder su vida cometiendo una locura por culpa de una cualquiera.
Al escuchar esto, Carol se sintió aliviada. Volteó hacia Samira y Tania y les dijo:
—¿Nos vamos?
Samira asintió. Orion se apresuró a tomarla del brazo para ayudarla a caminar, pasando junto a Valentina como si fuera un pedazo de basura invisible.
Al salir de la villa, encontraron a Thor de pie frente al mar, dándole caladas a un cigarrillo.
Samira seguía intranquila: —¿Estás completamente seguro de que Thor no va a perder los estribos? Sería el colmo que terminara arrestado por culpa de una arrastrada como ella.
Orion reafirmó su postura: —Tranquila, ya tiene la cabeza mucho más fría.
Samira asintió, más calmada, y se dirigió a Carol y a Tania con una sonrisa cómplice:
—Regresemos a Puerto Rafe para ver a César. Grabé todo el drama en video; cuando lo vea, se va a poner feliz.
Tania dio un saltito de emoción: —¡Sí!
Orion no pudo evitar apretar los labios con incredulidad: —... Vaya, sí que se tomaron muy a pecho lo de César.
Samira y Tania asintieron con energía.
—¡César siempre piensa en nosotras cuando tiene algo bueno que compartir!
—Él siempre nos tiene presentes, ¡así que nosotras también lo cuidamos y apoyamos!
Orion soltó una carcajada limpia: —Al final, César resultó ser un genio para ganarse a la gente.
Carol añadió en tono firme: —César quedó muy lastimado y decepcionado con la actitud de Thor por todo este escándalo. Cuando Thor vaya a pedirle perdón, exijo que ninguno de ustedes intente excusarlo.
Samira la respaldó de inmediato: —¡Totalmente de acuerdo! ¡Que se gane el perdón de César rogándole como es debido!
Orion: —...
A juzgar por cómo hablaban, cualquiera que las escuchara pensaría que César era una de las amigas del grupo en lugar de un rudo empresario.
...
Esa noche, cuando Aspen Bello llegó a casa, se encontró a Carol canturreando una melodía alegre mientras preparaba la cena.
Aspen sonrió al verla: —¿A qué se debe tanta felicidad?
Carol volteó a verlo con una sonrisa radiante:
—¡Al fin le arrancamos la careta de niña buena a Valentina! Obviamente estoy feliz, ¡llevaba aguantándola muchísimo tiempo!
—¡Tenías que haberle visto la cara cuando le dejé claro que había arruinado sus posibilidades y perdido millones por estúpida! Ver cómo la aplastaba esa realidad fue un placer absoluto. Mi alegría del día de hoy se alimenta directamente de su miseria.
Aspen se rió por lo bajo: —A todo cerdo le llega su San Martín.
Carol asintió con vehemencia:
—Cuando tuve que dejar la universidad años atrás, ella se dedicó a esparcir rumores horribles sobre mí. Fue una persona tan tóxica... Solo de recordarlo me vuelve a hervir la sangre.
—Pero, a pesar de todo, aunque ahora tengo los medios y el poder para vengarme, jamás se me había cruzado por la mente ir a buscarla para hacerle la vida imposible. ¡Es más, ni siquiera me acordaba de su existencia!
—Pero el destino es caprichoso y volvió a colarse en nuestro círculo de forma descarada.
—Si ella hubiera cambiado y, en lugar de intrigar, se hubiera acercado para disculparse sinceramente por lo que hizo en el pasado, te juro que, por consideración a Thor, habría hecho borrón y cuenta nueva.
—¡Pero la muy víbora no tiene remedio! No solo siguió siendo una manipuladora, ¡sino que además intentó seducirte a ti y a Orion! ¡Por favor!

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