Carol lo pensó por un momento.
—Creo que no. Nunca la escuché mencionar a nadie más. ¿Por qué?
—Según lo que acabas de explicar, la persona detrás de este componente debe tener algún vínculo con la abuela. Necesitamos llegar al fondo de esto —dijo Aspen con seriedad.
Carol asintió de inmediato.
—Tienes razón. Apenas amanezca, llamaré a la base de comunicaciones en la montaña para preguntarle.
Ambos subieron a la habitación para descansar. En el camino, Carol preguntó:
—¿Cómo está el Tío Teodoro?
—Bastante afectado. Ricardo era su enemigo, pero también fue su compañero de armas. Esta muerte repentina le dolió.
Carol soltó un suspiro empático.
—¿Y cómo es que no te quedaste acompañándolo en el hospital? ¿Por qué regresaste?
—Porque él también se marchó. Regresó a la frontera.
Carol se mostró sorprendida.
—¿Se fue? ¿No se quedará a investigar quién fue el asesino?
—Justamente vuelve para investigarlo. Es muy probable que el responsable tenga vínculos con personas de los altos mandos del departamento militar.
Carol frunció el ceño con preocupación.
—¿Le avisaron a la policía?
—Sí, la policía está al tanto.
—Cuando se trata de vidas humanas, uno no debe actuar por su cuenta como justiciero, siempre hay que colaborar con las autoridades —dijo Carol, quien a menudo se preocupaba por la seguridad de todos.
Sabiendo que ella solía ser aprensiva con estos temas, Aspen asintió para calmarla.
—Lo sé. No te angusties por eso.
Ambos entraron en la recámara principal, se alistaron en el baño y finalmente se acostaron.
A la mañana siguiente, cuando apenas comenzaba a clarear, el teléfono de Aspen sonó con urgencia, despertándolo de golpe.
Tomó el celular, lo puso en silencio y revisó la pantalla: era Gael.
Si llamaba a esta hora, seguro era algo serio.
Para no despertar a Carol, Aspen se deslizó fuera de la cama, se abrigó y salió al balcón para contestar.
—Dime.
La voz de Gael sonaba tensa y frustrada.
—El tipo se escapó.
Aspen supo de inmediato que hablaba del joven guardaespaldas.
—¿Cómo lo hizo?
—Tomó un bote hace una hora. Seguro cambió de embarcación varias veces a mitad de camino, porque ya le perdimos el rastro en los radares.
Aspen frunció el ceño con severidad. Cuando Ricardo fue asesinado, ese joven era el único que estaba a su lado.
Además, era un peón enviado directamente por los altos mandos; seguro que tenía información crucial.
Sin él, rastrear al asesino sería aún más difícil.

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