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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3485

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Carol se quedó sin palabras.

Nathan preguntó con evidente cautela:

—César se operó hace muy poco, en teoría no estaba en condiciones de recibir el alta médica. Anoche él fue muy terco, no tuve más opción que dejarlo ir. Dado su estado, ¿crees que se ponga en peligro?

El pánico a veces nos nubla el juicio; aunque Nathan era un médico brillante, confiaba mil veces más en el criterio de Carol.

—En teoría no debería haber problemas —lo tranquilizó ella—. Es un hombre adulto y sabrá cuidarse, no tienes que angustiarte por eso.

Nathan dejó escapar un enorme suspiro de alivio.

—Menos mal. Ah, por cierto, aquella niñita también se fue de alta. Sus padres decidieron aceptar la realidad; dijeron que, si no había cura, mejor se la llevarían a viajar, a recorrer los hermosos paisajes de ese mundo, para que los días que le queden los viva lo más feliz posible.

Carol supo de inmediato de quién hablaba y sintió un inmenso calor en el corazón.

—Tomaron la decisión correcta.

—La pequeña no tuvo la mejor de las suertes en cuanto a la salud, pero tiene la enorme fortuna de tener padres que la aman incondicionalmente. Al menos ha sentido lo que es el amor verdadero antes de partir.

Carol suspiró con ternura.

—Así es. Hay niños completamente sanos que no tienen ni la mitad de esa fortuna.

Tras un par de comentarios casuales más, Carol se despidió de Nathan y se volvió hacia Aspen.

—César se fue. Estoy segura de que no quiere verle la cara a Thor, así que se esfumó a propósito.

—¿Ni siquiera Nathan sabe a dónde fue? —preguntó Aspen.

Carol negó con la cabeza.

—No, no tiene idea.

Aspen soltó una carcajada burlona.

—Dos hombres hechos y derechos, y actúan como si estuvieran en medio de un drama romántico.

Carol soltó una pequeña risa.

—La verdad es que hacen buena pareja. Haz un poco más de comida, Samira y Orion van a comer aquí.

No pasó mucho tiempo antes de que Samira y Orion Hidalgo llegaran.

Samira, con su vientre de embarazada bien pronunciado, sostenía su espalda baja con una mano mientras caminaba a paso veloz hacia la entrada.

Orion venía detrás de ella, casi corriendo para ofrecerle su brazo.

—¡Santa paciencia, mi reina, baja la velocidad! ¡Acuérdate de que llevas un bebé ahí dentro!

—¡Estoy perfecta! —le replicó ella sin inmutarse.

Al verlos, Carol salió a recibirlos con una sonrisa.

—Esta vez le doy la razón a Orion. Con esa barriga enorme, pareces un torbellino caminando así de rápido.

Orion estiró la mano para saludar a Carol, pero Aspen, apareciendo de la nada, le dio un manotazo, rodeó los hombros de su esposa y le lanzó una mirada fulminante a su amigo.

—¡Tú, métete a la cocina a ayudar!

Orion protestó.

—... ¿No se suponía que vine de invitado a que me sirvan?

—¿De verdad crees que tienes tanta suerte? ¡Mueve las piernas para acá! —exigió Aspen.

Orion apretó los labios y se volteó hacia Samira y Carol.

—Si les digo que este hombre me ama en secreto, ¿me creerían? Mírenlo, no puede estar ni un minuto sin mí, hasta para cocinar me necesita a su lado.

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