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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3577

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—Me contactaron infinidad de veces para exigirme que usara la influencia de la familia Ibarra para sacarte información —reveló Damián, bajando un poco la voz—. Están obsesionados con Flora. Y esa obsesión se ha extendido a Carol y a tu pequeña Simone. Te lo digo para que mantengas los ojos bien abiertos. Protege a tu esposa y a tu hija a toda costa. Y no olvides al heredero de la familia Hidalgo; lo tienen en la mira desde hace tiempo. A la primera oportunidad que tengan, van a atacar.

Aspen sintió un escalofrío al escuchar la advertencia. Apretó la mandíbula antes de preguntar:

—De la gente que tienen trabajando para ellos, ¿hay alguien que haya tenido contacto directo con Flora en el pasado?

Damián lo meditó por un instante.

—No podría jurarlo, ¡pero mi instinto me dice que sí!

—¿En qué se basa? —cuestionó Aspen, con el ceño fruncido.

—Cuando me ordenaron infiltrarme en tu círculo para buscar información, me mostré reacio. Puse mil excusas porque sabía que tratar de espiarte era un riesgo suicida; corríamos el peligro de quedar expuestos. Les argumenté que Flora llevaba años muerta y que no valía la pena arriesgar toda nuestra operación por un fantasma. Pero ellos fueron tajantes. No tenían dudas. Estaban convencidos de que seguía respirando, asegurando que tanto en los actos de Carol como en los de tu hija se percibía claramente la mano de Flora.

—Leo Jiménez fue discípulo de Flora —señaló Aspen, conectando los puntos—. ¿Fueron conjeturas de él?

—Lo ignoro —respondió Damián, negando con la cabeza—. Pero hay algo más. Deberías prestar atención a La Selva. En los últimos seis meses, la organización ha tenido un tráfico inusual de comunicaciones con esa región. No me extrañaría que estuvieran orquestando algo a gran escala allí.

La mención de La Selva hizo que dos figuras acudieran a la mente de Aspen de inmediato.

El primero era Mateo del Pozo.

La segunda era la niña que la abuela Flora había salvado en la montaña.

¿Acaso el interés de la organización en La Selva estaba conectado con Flora, o escondían un as bajo la manga mucho más siniestro?

Las horas pasaron rápidamente. Afuera, la oscuridad comenzaba a ceder paso al primer brillo del amanecer. Habían hablado durante toda la noche.

Damián giró la cabeza para mirar por la pequeña ventana. El cielo se teñía de gris. Dejó escapar un suspiro profundo.

—Al fin lo dije todo... Siento como si me hubieran quitado una losa de encima.

Se volvió hacia Aspen y extendió la mano, con un gesto de genuina vulnerabilidad.

—Gracias, Aspen. Gracias por escucharme esta noche.

Aspen lanzó una mirada de soslayo hacia el espejo falso de la puerta. Sabía que los interrogadores estaban observando cada movimiento y, por protocolo, el contacto físico estaba estrictamente prohibido. Sin embargo, la puerta se entreabrió unos centímetros y el guardia de turno asintió levemente, dándole permiso.

Aspen le dio la mano.

En ese preciso instante, los dedos de Damián se movieron a una velocidad vertiginosa, trazando un par de letras invisibles sobre la palma de Aspen.

Aspen reprimió su sorpresa y mantuvo el rostro inespresivo.

Damián lo miró a los ojos, con una serenidad sepulcral, sin que su voz delatara la más mínima alteración.

—Te pido un último favor. Cuida de la rama de la familia de Martín por mí. Sé que los Ibarra no los dejarán desamparados, pero el abuelo ya está muy mayor, y mis hermanos también están sintiendo el peso de los años. Me aterra lo que pueda ser de ellos...

»Si te es posible, haz que tus hijos los visiten. El apoyo de amigos de su misma edad es la mejor medicina, en especial para Kevin... él adora a tu pequeño Ledo.

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