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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3594

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Los dos hermanos se retiraron juntos, mientras Aspen avanzaba a solas hacia el joven.

El hombre lo había notado desde hacía rato y lo observaba con frialdad. Le sorprendió un poco ver que Abel y Gael se marchaban, pero ahora su atención estaba completamente centrada en Aspen. Su postura era tensa; estaba en estado de alerta, listo para atacar en cualquier momento.

Aspen se detuvo a un par de metros, pero no hizo ningún movimiento amenazante. Simplemente entrecerró los ojos y comenzó a estudiarlo.

Le habían dicho que este muchacho había sido criado y entrenado personalmente por los altos mandos de la organización. Era como el protegido intocable de la familia: alguien importante.

Quizás no tenía la misma jerarquía ni la misma utilidad que Ricardo Rojas dentro de su grupo, pero su vida, sin duda, valía mucho más. Después de todo, cualquiera que es criado personalmente por los líderes acaba forjando un vínculo emocional con ellos. Él tenía acceso al núcleo central de la organización; Ricardo, no.

Por eso, Aspen sentía una curiosidad genuina por él.

Al ver que Aspen no decía nada, el joven frunció el ceño y tomó la iniciativa:

—Si me das detalles sobre la situación de Ricardo Rojas, te daré la información de su hermano mayor.

Aspen lo miró fijamente.

—¿Tú vas a negociar conmigo?

El joven asintió.

—¿Por qué tú? —preguntó Aspen.

—¿Y por qué no? —respondió el otro, a la defensiva.

—Eres solo un asesino a sueldo. ¿Desde cuándo te importan estos asuntos?

—Yo sigo órdenes. Hago lo que los de arriba me dicen.

Aspen apretó los labios.

—¿Y quiénes son "los de arriba"? ¿Los que te criaron o tus amos temporales?

—Eso no es asunto tuyo —replicó el joven, visiblemente molesto.

Aspen dejó escapar un suspiro. De pronto, caminó hacia una banca cercana, se sentó, encendió un cigarrillo y comenzó a fumar en completo silencio.

El muchacho lo miró con suspicacia.

—¿Qué pretendes?

—Tu gente te compara con Gael, pero la verdad es que no le llegas ni a los talones —dijo Aspen tranquilamente—. Gael ha sido independiente desde que era un niño. Si no quiere hacer algo, nadie puede obligarlo, ni siquiera yo. Pero tú... tú haces cosas que detestas solo porque "los de arriba" te lo ordenan. No tienes identidad propia. Más que un ser humano, pareces una máquina teledirigida. Así que te lo repito: ¿qué derecho tienes a negociar conmigo?

El joven apretó los puños con fuerza. Aspen continuó, sin inmutarse:

—¿De qué sirve que te enojes? Tampoco te atreves a matarme. Sabes que si lo haces, tú también mueres. Al fin y al cabo, a los ojos de esa gente, yo valgo muchísimo más que tú.

El rostro del joven se tornó pálido de rabia. Sus cejas estaban tan fruncidas que casi se tocaban.

Aspen sacudió la ceniza de su cigarrillo y lo miró con desdén.

—¿Acaso estás pensando que, si no fuera porque tienes órdenes estrictas, ya me habrías matado?

—¡Sí! —respondió el muchacho, con voz gélida.

Aspen esbozó una media sonrisa.

—¿De verdad crees que podrías matarme?

—Podría.

Aspen le dio una larga calada a su cigarrillo.

—¿De dónde sacas tanta confianza? ¿De Gael? ¿Crees que porque podrías empatar en una pelea con él, eres capaz de acabar conmigo?

El joven guardó silencio. Aspen exhaló el humo lentamente y propuso:

—¿Qué te parece si apostamos? ¿Te atreves?

El muchacho frunció el ceño.

—Si yo pierdo —explicó Aspen—, dejaré de fastidiarte, te permitiré cumplir tu misión y negociaré contigo tranquilamente. Pero si tú pierdes, tendrás que responderme un par de preguntas. Solo sobre Ricardo Rojas, no hablaré de nadie más.

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