—¡Señor Bello, hable! ¿Es Simone la que viene a La Selva? ¿No escuché mal? —preguntó Don Anselmo a viva voz.
Aspen salió de su estupor.
—No, no se equivoca. Efectivamente va a La Selva.
El abuelo estalló de alegría.
—¡Excelente, excelente, excelente! ¡Que venga! ¡La Familia del Pozo le dará una cálida bienvenida!
—... Viajará acompañada de un amigo. Su madre y yo estamos ocupados y, por el momento, no podemos ir. Le llamo para pedirle a su familia que la cuide. Nunca ha estado en La Selva y no conoce el lugar. Temo que pueda estar en peligro.
Al escuchar esto, la voz de Don Anselmo se volvió solemne y muy seria.
—No se preocupe. ¡Le aseguro que la Familia del Pozo hará todo lo que esté a su alcance para proteger a Simone! ¡Cualquiera que se atreva a lastimarla estará declarándole la guerra a toda la Familia del Pozo!
—Aunque nuestra posición en La Selva está un poco inestable últimamente, la gente común no se atrevería a meterse con nosotros. Usted y la madre de Simone pueden estar completamente tranquilos. ¡La Familia del Pozo se hace responsable de la seguridad de la niña en La Selva!
—Agradezco mucho la amabilidad de su familia. Guardaré este favor en mi memoria —dijo Aspen.
—¡De ninguna manera! ¡Somos como de la misma familia, no hay por qué ser formales! Por cierto, ¿a qué viene Simone? ¿Viene exclusivamente a visitar a Mateo?
—... Así es.
Tesoro necesitaba una excusa para ir a La Selva. No podía decir abiertamente que iba a investigar a alguien.
Decir que iba a visitar a Mateo era el pretexto perfecto.
Don Anselmo soltó una carcajada.
—¡Qué buena relación tienen estos dos niños! Cuando Simone no está en La Selva, Mateo se la pasa hablando de ella todo el día. Por cierto, ¿ya le avisó a Mateo que viene? Él no me ha comentado nada.
—Apenas hoy tomamos la decisión. Probablemente ella aún no se lo ha dicho.
El anciano rió complacido.
—No importa si se lo dice o no, dejemos que sea una sorpresa. ¡Si se entera de que Simone viene, se pondrá loco de alegría!
—... Asignaré algunos guardias de élite para que la protejan discretamente. Su amigo se llama Eric Enríquez, espero que su familia también pueda cuidar de él —agregó Aspen.
—¿Eric Enríquez? ¿Un chico?
—Sí. De la Familia Enríquez, en Leona.
Don Anselmo se quedó pensativo. —Una familia influyente. ¿Por qué Simone lo trae con ella?
—Son amigos. Eric ha trabajado como guardaespaldas de Simone y quiso acompañarla en este viaje a La Selva.
El anciano asintió comprensivo. —Ah, viene para protegerla. No se preocupe, también me encargaré de cuidarlo.
—Se lo agradezco mucho.
—Ya se lo dije, somos como una familia. No hay por qué ser formales —insistió Don Anselmo de inmediato.
Conversaron brevemente un poco más y colgaron.

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