Tal como lo habían anticipado, a medida que la gente fue llegando al lugar, no tardaron en sacar a relucir el tema de Eric Enríquez.
—Haciendo cuentas, Eric ya tiene dieciocho años este año. ¿No va a volver para su fiesta de mayoría de edad?
Benjamín respondió con firmeza: —No vendrá. Está cumpliendo una misión para el país, le es imposible regresar.
Alguien murmuró entre dientes: —¿Cómo no va a celebrar su mayoría de edad? ¡Es algo importantísimo!
Benjamín frunció el ceño. —Por más importante que sea su fiesta, jamás será más importante que los asuntos de nuestra nación.
Otra voz se alzó con tono de queja:
—Puede que no haga la fiesta y que no venga a casa, pero al menos deberíamos saber si sigue vivo.
—Él es el futuro heredero de nuestra familia Enríquez. Lo que le pase es asunto de todos nosotros; tenemos el derecho a estar informados.
Benjamín replicó con voz glacial: —¡Por supuesto que está vivo!
De inmediato, alguien lo desafió: —¿Y tienes alguna prueba de eso?
Benjamín apretó los puños. —¡¿Acaso un padre no sabe si su propio hijo está vivo o no?! ¡¿Qué más pruebas necesitan?!
Alguien más añadió con frialdad: —Las palabras se las lleva el viento. Sin pruebas, nadie va a quedarse tranquilo.
Un grupo de personas asintió, dándole la razón a coro.
—Exacto, exigimos ver pruebas de que Eric sigue con vida.
Benjamín sabía perfectamente cuáles eran sus verdaderas intenciones, así que decidió ir directo al grano.
—Si a Eric realmente le hubiera pasado algo, la familia Enríquez no tendría por qué preocuparse. Como líder de esta familia, me encargaría de elegir a un sucesor adecuado.
Los presentes fruncieron el ceño y protestaron de inmediato:
—Si Eric de verdad falleció, el próximo líder de la familia deberíamos elegirlo entre todos. ¡No puedes simplemente señalar a alguien y ya!
—¡Así es! ¡Eso sería completamente injusto!
Benjamín alzó la voz, impregnada de autoridad:
—Soy el líder de esta familia. Tengo el derecho de heredarle mi posición a mi hijo, y también tengo el derecho de elegir a otra persona para el cargo. Si a alguien no le parece, puede guardarse su opinión.
—Y lo mismo va para los rituales a nuestros ancestros y los asuntos de caridad. Si tienen alguna objeción, resérvensela.
—Sin importar sus excusas, las reglas que nos dejaron nuestros antepasados no se pueden romper. Este año, como todos los años, cada uno deberá donar el 1% de sus dividendos para apoyar a los asilos y orfanatos de Leona.
Al escuchar eso, alguien no pudo contenerse y exclamó:
—¡Yo no estoy de acuerdo con lo que dice el líder de la familia!
Sin darle tiempo a los demás para sumarse a la queja, Benjamín se adelantó con la intención de usarlo como escarmiento frente a los demás.
—Si no estás de acuerdo, me parece perfecto. No tengo ningún problema.
Dicho esto, se giró hacia los miembros más longevos del clan.

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