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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3625

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Antes de que comenzara la subasta, la Primera Dama recibió una llamada repentina y tuvo que retirarse.

Un grupo de señoras se acercó apresuradamente a la primera fila para indagar:

—Señora Enríquez, señora Solís, la subasta está a punto de empezar, ¿por qué se fue la Primera Dama?

La señora Solís respondió con tranquilidad:

—Surgió un imprevisto.

Alguien preguntó con curiosidad:

—¿Entonces va a regresar?

La señora Solís negó con la cabeza:

—No lo sé.

Otra señora quiso indagar más, pero la señora Solís la interrumpió amablemente:

—No pregunten tanto. Es mejor no entrometerse en los asuntos de la Primera Dama. Solo concéntrense en pujar por las flores que más les gusten.

Una de las recién llegadas al círculo murmuró con timidez:

—Pero, ¿y si accidentalmente pujamos por una que le gustaba a la Primera Dama?

La señora Solís apretó los labios y la miró con una expresión cargada de significado:

—¿Crees que somos ingenuas? Las que le gustan a la Primera Dama, por mucho que queramos pujar por ellas, jamás estarían a nuestro alcance.

La mujer se quedó perpleja un segundo, y al comprender la indirecta, sonrió aliviada:

—Cierto, cierto, qué torpe fui. Gracias por la aclaración, señora Solís.

El grupo de mujeres regresó a sus asientos entre risas y susurros. "..."

Ese día, la subasta giraba en torno a la Primera Dama, y las flores que se presentaban se elegían rigurosamente según sus preferencias.

Si la Primera Dama no podía asistir por un imprevisto, era evidente que las flores que le habían gustado ya estaban apartadas y no saldrían a subasta.

Salvo por La Flor Reina, todo lo que se ponía a disposición del público eran piezas que a la Primera Dama no le habían interesado.

Desde su asiento en la sección central, Jade, que aún estaba molesta porque no había recibido respuesta a su mensaje, sintió una repentina oleada de alegría al ver que la Primera Dama se había marchado.

Aunque detestaba a la Primera Dama, no podía evitar sentir cierto temor reverencial hacia ella. Con su presencia, le resultaba imposible destacar.

Pero ahora que se había ido, ¡ya no había nadie a quien temer!

¡Hoy era su territorio!

¡Tenía que consolidar su estatus de un solo golpe!

¿Qué importaba si la menospreciaban por haber sido la amante? ¡Mientras demostrara tener el poder suficiente, podría aplastar a las demás bajo sus tacones!

Jade sacó su celular una vez más. Lázaro Rojas seguía sin responderle, pero decidió no darle importancia.

A las nueve y media de la mañana en punto, la subasta comenzó oficialmente.

La primera flor de Año Nuevo causó un gran revuelo en la sala.

El precio inicial era de ocho mil ochocientos, con incrementos mínimos de quinientos.

En años anteriores, la primera flor solía arrancar en cinco mil. Este año había subido a ocho mil ochocientos, pero la calidad lo justificaba; era verdaderamente espectacular.

Al ser la primera pieza de la subasta, todas querían adjudicársela para atraer la buena suerte, así que las pujas no se hicieron esperar.

En un abrir y cerrar de ojos, el precio saltó de ocho mil ochocientos a varias decenas de miles.

¡La competencia era feroz!

Isabela levantó su paleta y dijo con calma:

—Cincuenta mil.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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