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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3629

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Un rostro apuesto y familiar apareció de repente ante su vista.

¡El corazón de Isabela dio un vuelco violento!

Eric Enríquez estaba de pie justo detrás de ella. Sus cejas eran rectas como espadas y sus ojos brillaban como estrellas; su postura era firme y elegante.

¡Su imponente altura de un metro noventa llamaba la atención de inmediato!

Las pupilas de Isabela se dilataron, ¡su rostro reflejaba una incredulidad absoluta!

Sus labios temblaron, como si intentara llamar a su hijo, pero no logró emitir sonido alguno. Por un momento, no supo si estaba soñando o si era la realidad.

Hasta que escuchó una voz familiar...

—Mamá.

El corazón de Isabela se encogió y las lágrimas brotaron de sus ojos:

—¡¿Eric?!

Con el corazón encogido de ternura, Eric se acercó para limpiarle las lágrimas.

—Ya estoy en casa.

El cuerpo de Isabela temblaba de emoción:

—¡Hijo mío!

Eric la abrazó con fuerza, consolándola como se consuela a un niño.

Isabela se aferró a él, llorando a mares:

—¡Por fin volviste! ¡Buaaa, buaaa!

Eric le habló con voz suave:

—Ya volví, y esta vez no me iré.

Isabela sollozaba inconsolablemente:

—¡Te extrañé tanto! ¡Te extrañé muchísimo, hijo! ¡Buaaa, buaaa!

Los presentes, primero atónitos, se sintieron profundamente conmovidos y comenzaron a secarse las lágrimas discretamente.

Todas las que eran madres allí entendían perfectamente su dolor y alegría.

Poco después, la multitud dirigió miradas cargadas de hostilidad hacia Jade.

¡Si Eric Enríquez no estaba muerto, significaba que ella lo había estado maldiciendo! ¡Maldecir a un hijo frente a su propia madre era motivo suficiente para que la golpearan!

Jade tenía los ojos desorbitados, ¡más sorprendida que nadie!

Si Eric Enríquez estaba vivo, ¡era evidente que sus palabras desatarían la indignación de todos!

Consciente de la gravedad del asunto, la mente de Jade empezó a trabajar a toda máquina buscando una salida.

En cuanto Isabela terminara de saludar a su hijo, seguramente iría por ella para ajustar cuentas, y la obligaría a disculparse.

¡Ya había hecho suficiente el ridículo hoy! ¡Si se veía forzada a disculparse en público, nunca más podría volver a levantar la cabeza en el círculo de señoras!

Pero por más que pensaba, no sabía qué hacer.

Al ver que la señora Solís ya le clavaba la mirada, a Jade se le ocurrió una idea desesperada y fingió desmayarse en el acto.

¡Si estaba inconsciente, no tendría que disculparse públicamente!

¡Tampoco Isabela podría humillarla!

Además, le daría una excusa para abandonar la subasta y ganar tiempo para pensar en una solución.

El resto de la gente se asustó al verla caer:

—¡Señora Linares! ¡Llamen a un doctor! ¡Rápido...!

Isabela se separó del abrazo de su hijo, se secó las lágrimas y frunció el ceño, mirando la escena con desconfianza.

Eric también frunció el ceño; no le hacía ninguna gracia que se desmayara justo en ese momento.

Tesoro, torciendo la boca en una mueca de disgusto, corrió hacia allí.

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