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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3655

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Como los demás guardias de la unidad secreta, el Agente 218 no tenía registros detallados sobre su origen, solo su historial médico reciente.

Y un registro impecable de los servicios prestados a la Familia Enríquez a lo largo de los años.

Estos guardias eran leales hasta la muerte; carecían de identidades claras o nombres reales. Solo existían a través de un código numérico.

Esta unidad de élite había sido fundada por los ancestros de la familia. Eran la última y más formidable línea de defensa, los mejores de los mejores.

Si uno caía en cumplimiento de su deber, de inmediato un recluta ocupaba su lugar.

Generación tras generación, los líderes de la familia les otorgaban una importancia inmensa, destinando fortunas anuales para recompensar a los veteranos y adiestrar a la nueva sangre.

A lo largo de las décadas, la unidad secreta jamás había sido fuente de problemas. Podían fracasar en una misión, pero la traición era algo inaudito en sus filas.

Los líderes de la familia seleccionaban a los guardias personalmente, y cada recluta debía pasar por la aprobación directa del patriarca.

En resumidas cuentas, ¡la posibilidad de que uno de estos hombres traicionara a la familia era prácticamente inexistente!

Eric lo comprendía perfectamente, pero la mirada de aquel hombre no encajaba en el perfil. Sus instintos no solían fallar.

Tras años de experiencia táctica, había desarrollado un sexto sentido, forjado desde su más tierna juventud.

Al ver a su hijo en silencio, Benjamín Enríquez le preguntó:

—¿Quieres que lo llame para que lo veas en persona? A veces, una fotografía o un perfil no son suficientes para descifrar lo que oculta una mirada.

Eric reflexionó un momento y dijo:

—Haz que vengan todos. Así podré observarlos a todos. Llamar a uno solo levantaría demasiadas sospechas.

Benjamín asintió, de acuerdo:

—Está bien.

Alfredo Enríquez, preocupado, preguntó:

—Si los reunimos a todos, ¿no dejamos una brecha de seguridad para que alguien aproveche y ataque?

Eric lo tranquilizó:

—No, no pasará nada. Simone está aquí, y los hombres del Señor Bello vigilan el perímetro exterior. Si alguien intenta infiltrarse, ellos nos alertarán.

Alfredo asintió, comprendiendo la situación.

Era lógico que los jóvenes de las familias poderosas contaran con una fuerte escolta cada vez que salían.

Volvió a preguntar, intrigado:

—¿Qué notaste de extraño en este hombre?

Eric le explicó con calma:

—La forma en que me miró... No era la típica mirada de un subordinado. No sabría cómo describirlo con palabras.

Alfredo inquirió, yendo al grano:

—¿Crees que es amigo o enemigo?

Eric no dudó:

—Diría que es un enemigo.

Alfredo frunció el ceño con severidad:

—Eso no tiene sentido. Nuestros guardias juran lealtad incondicional. ¿Por qué uno de ellos albergaría hostilidad hacia ti?

Eric, manteniendo la compostura, respondió:

—No lo sé. Pero independientemente de si es un aliado o un enemigo, un verdadero guardia de la unidad secreta no debería permitir que su presencia sea detectada por nadie.

Una mirada descuidada podía revelar la posición de un hombre, lo cual iba en contra de todo lo que representaba la unidad.

Y no solo eso, exponer su ubicación lo pondría en riesgo a él también.

Un guardia competente sabe cómo fundirse con las sombras, permaneciendo invisible e indetectable. Esa es la premisa básica de su entrenamiento.

Con Simone y el pequeño doctor divino en camino, además de la presencia de su abuelo, su padre, su madre y él mismo, los hombres asignados a la seguridad de la mansión debían ser lo más selecto y veterano de sus fuerzas.

Deberían ser espectros en la noche, imposibles de percibir.

Por ende, desde cualquier ángulo que se analizara, el hombre que lo había observado representaba una anomalía.

Arturo Enríquez asintió con gravedad y aportó:

—Eric tiene razón. No podemos arriesgarnos a dejar una puerta abierta para un atacante. Convoquémoslos, confirmemos nuestras sospechas y, si es necesario, reasignémoslo a otra posición.

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