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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3733

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Lázaro asintió y lo confirmó con firmeza.

—Está viva.

Ledo pasó del asombro a la sospecha.

—Si sigue viva y la amas tanto, ¿cómo es que te atreves a dejarla sola?

Lázaro frunció el ceño, lleno de frustración.

—Está enferma, no puedo viajar con ella. Pero al mismo tiempo, necesitaba salir a buscar una cura. No tuve otra opción que dejarla en casa por ahora.

—¿La Familia Dorado sabe que sigue viva? —preguntó Ledo.

El rostro de Lázaro se ensombreció. —¡No quiero hablar de ellos! ¡Para mí, están muertos desde hace mucho!

Ledo iba a hacer otra pregunta, pero sintió algo extraño en el ambiente y miró hacia la ventana.

Afuera solo se veía el tráfico normal, nada fuera de lugar.

Recordando algo, Ledo preguntó:

—La última vez que fui a buscarte, ¿quién era el hombre que estaba contigo? ¿Tienes información detallada sobre él?

Lázaro sabía perfectamente a quién se refería, pero se mantuvo a la defensiva.

—¿Para qué quieres información sobre él?

—Se me hizo conocido, quiero investigar un poco —respondió Ledo con naturalidad.

—¿Lo conoces? —indagó Lázaro.

—No estoy seguro, por eso quiero saber su identidad.

—Pero no te lo puedo decir —sentenció Lázaro.

Antes de que Ledo pudiera preguntar el porqué, Lázaro enfatizó:

—Para ser más exactos, no te lo puedo decir por ahora.

Ledo se encogió de hombros. —Si no puedes, no puedes. Tampoco es que me quite el sueño.

Lázaro sabía que el chico estaba fingiendo desinterés. Esbozó una leve sonrisa, mostrando un gesto casi paternal.

—Si logras convencer a tu hermana de que me ayude, les contaré todos los secretos que sé. A mi edad, llevarme esos secretos a la tumba no me sirve de nada. Lo único que me importa en este mundo es salvar a mi esposa.

Como la conversación volvió a girar en torno a Aura Dorado, Ledo preguntó:

—¿Exactamente cómo quieres que mi hermana te ayude?

—Es un tema de medicina. No lo entenderías —respondió Lázaro.

—¿Y si te ayuda, correrá algún riesgo de salir lastimada? —insistió Ledo.

Lázaro negó enérgicamente.

—Por supuesto que no. Ella solo me ayudaría a curar a alguien, usando sus conocimientos médicos. No estará en peligro y mucho menos saldrá lastimada.

—Mi hermana tiene un corazón de oro —dijo Ledo—. Salvaría a un completo extraño, con más razón a alguien que tiene cierta conexión con ella. Si solo quieres que cure a tu esposa, no se negará.

Aura Dorado estaba relacionada con su bisabuela Doña Flores. Incluso si Lázaro no se lo pedía, Tesoro no dudaría en tenderle la mano si la veía en ese estado.

—¡Si de verdad logra curar a mi Auri, se lo recompensaré con creces! —prometió Lázaro.

Ledo lo frenó en seco.

—Ningún doctor te va a jurar por su vida que salvará al paciente al cien por ciento. Cada cuerpo reacciona distinto; ni siquiera un médico divino puede darte garantías absolutas.

—Si de verdad quieres la ayuda de mi hermana, las reglas deben estar claras. Siempre que ella no corra peligro físico ni asuma presiones emocionales desmedidas, hará todo lo que esté a su alcance. A cambio, tú nos contarás todo lo que sabes.

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