Lázaro, con el ceño aún fruncido, intentó tranquilizarla:
—Descuida, te doy mi palabra de que la Familia Dorado no volverá a lastimarte.
Tesoro giró la cabeza y lo miró fijamente. —¿Y cómo me lo garantizas?
Lázaro insistió: —Ya se los advertí.
Tesoro no cedió: —¿Y sirve de algo tu advertencia?
Lázaro: —Claro que sirve. La Familia Dorado me obedece.
Tesoro: —¿Por qué habrían de hacerte caso a ti? No eres el líder de la Familia Dorado. Seguro solo le hacen caso a su propio líder.
Lázaro: —El líder de la Familia Dorado también me obedece a mí.
Tesoro hizo un puchero. —Pues sigo sin sentirme segura.
Lázaro frunció aún más el ceño. —¿Te estás echando para atrás?
Tesoro torció la boquita.
—No, si ya vine hasta La Selva, es obvio que quiero trabajar contigo. Pero la seguridad es primero. Mi vida es lo más importante.
Lázaro enfatizó: —Ya te dije que puedo protegerte.
Tesoro: —No te creo.
Lázaro: —...
Tras dudar un momento, se quitó un anillo que llevaba puesto y se lo ofreció.
—Con esto puedes pasearte por La Selva sin que nadie te toque. Te lo presto para que te protejas, y me lo devuelves cuando terminemos nuestro trato.
Tesoro tomó el anillo y lo examinó de cerca. —¿Pero esto no es un anillo común y corriente?
Lázaro le explicó: —Lo llevo siempre conmigo, es el objeto que más aprecio en el mundo. Me representa. Si te metes en problemas, solo tienes que enseñarlo y nadie se atreverá a meterse contigo.
Tesoro dudaba. —¿Y si alguien no lo reconoce? No me servirá de nada.
Lázaro le aseguró: —En La Selva no hay nadie que no lo conozca. Perteneció a Aura Dorado, y cuando ella me lo dio, no volví a quitármelo. Ha salido en los periódicos y en las noticias locales. Es uno de los objetos más valiosos de toda La Selva.
Al escuchar esto, a Ledo le vino algo a la mente. —Déjame verlo.
Tesoro se lo pasó. —¿Lo conoces, Ledo?
Ledo lo estudió un momento. Un destello de asombro cruzó por sus ojos y miró a Lázaro con cierta sorpresa. Le devolvió el anillo a Tesoro.
—Dice la verdad.
Tesoro lo miró con los ojos bien abiertos.
—¿Con esto de verdad estaré a salvo en La Selva?
Ledo asintió.
—Básicamente sí. Casi nadie se atreverá a tocarte, a menos que sean enemigos a muerte de él y de Aura Dorado. Cualquiera que les tema a ellos, te dejará en paz.
Tesoro murmuró: —Vaya, sí que sirve.
Ledo asintió de nuevo. A él siempre le había gustado informarse sobre cosas extrañas y objetos raros, y ese anillo era uno de ellos.
Cuando investigó sobre La Selva antes de viajar, había encontrado reportajes sobre esa misma joya.
Algunos decían que en La Selva ese anillo tenía el mismo poder que el sello de un gran general, capaz de movilizar fuerzas inmensas.
Por eso, al verlo, la gente común sentía respeto y miedo de inmediato.
Sin duda, era un tesoro muy valioso.
Aunque Tesoro no confiaba en Lázaro, sí confiaba en su hermano. Sostuvo el anillo en alto y le dijo a Lázaro:
—¿No tienes más? Dame un par más.
Lázaro: —...

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