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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3773

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Tras unos instantes de silencio en el estudio, Yago del Pozo intervino:

—Tu abuelo te lo advierte por tu propio bien. Presta atención a sus palabras. Hagas lo que hagas, tratar a Simone como a una reina nunca será una mala decisión.

Mateo preguntó, pensativo:

—Pero... ¿y si a Eric le pasa algo en el camino?

Anselmo lo miró con seriedad.

—...Eso ya entraría en la categoría de lo imprevisto. Si alguien pierde la vida, su destino se apaga con él.

Mateo asintió lentamente.

—Entiendo...

El rostro de Yago se tensó en una expresión inusualmente severa.

—Muchacho, no vayas a dejar que se te ocurran ideas retorcidas. ¡Las enseñanzas de la familia del Pozo exigen integridad y conciencia! ¡Nosotros no jugamos sucio!

—Si tu abuelo te habló del destino de Eric, es para que te esmeres en cuidar tu relación con Tesoro, ¡no para que busques cómo perjudicarlo!

Mateo soltó un suspiro de frustración.

—¡Ya lo sé! Jamás se me ocurriría hacerle daño. Solo preguntaba por curiosidad. Él es amigo de Simone, alguien que realmente la aprecia. ¡Por supuesto que le deseo lo mejor!

—De hecho, ojalá que todos los que la tratan con cariño en este mundo vivan muchos años. Entre más gente la quiera y la cuide, más feliz será ella.

La expresión de Yago se relajó y una sonrisa de orgullo asomó a sus labios.

—Esa es la actitud. Eres un digno heredero de la familia del Pozo. Tienes los valores en el lugar correcto.

Anselmo también asintió, visiblemente satisfecho.

—Bien dicho. Como reza el dicho, el mal nunca triunfa sobre el bien. La justicia puede tardar, pero siempre llega. Sin importar las circunstancias, caminar por la senda de la rectitud siempre es la opción correcta.

—Lo tengo muy claro —respondió Mateo con firmeza.

Luego, Anselmo cambió de tema.

—Cambiando de asunto... ¿Qué es exactamente lo que pasa con Ledo? ¿Por qué el Vínculo Maestro le teme de esa manera?

Mateo miró hacia la puerta para asegurarse de que estuviera bien cerrada antes de hablar.

—Es por sus dos pequeñas serpientes de mascota. Son de una especie rarísima y tienen un veneno extremadamente letal. Supongo que el Vínculo Maestro percibe ese peligro, por eso se altera tanto.

Anselmo y Yago cruzaron miradas de pura estupefacción.

—¿Serpientes de mascota? —preguntaron al unísono.

—Sí, son pequeñitas. Minúsculas, la verdad. Nunca había visto una especie así en toda mi vida.

—Hasta el día de hoy, jamás había escuchado de ninguna serpiente venenosa capaz de causar semejante alboroto en un Vínculo Maestro —dijo Anselmo, incrédulo.

—Pero existen —insistió Mateo—. Yo las vi con mis propios ojos, y ustedes también fueron testigos del caos de hace un rato. Hace unos meses, si logré dominar a mi Vínculo Maestro, fue única y exclusivamente gracias a ellas. Podría decirse que les debo la vida.

—¿Lograste dominar al Vínculo Maestro gracias a ellas? —exclamó Anselmo.

Mateo asintió con solemnidad.

—Mi Vínculo se rindió ante la presencia de esas dos serpientes.

Anselmo y Yago abrieron los ojos como platos.

—¡¿Qué?!

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