—Eres inteligente y talentosa. ¡Si sigues por el buen camino, seguro que llegarás lejos!
—Pero si te subes al mismo barco que la familia Dorado, tu futuro... Ay, eres tan lista que supongo que ya lo sabes sin que yo te lo diga.
Cristina apretó los dientes.
—Esto es un asunto personal, no tiene por qué preocuparse.
Anselmo dejó escapar un suspiro. —¡Entendido!
«Esta muchacha ya no tiene remedio», pensó.
Sintiendo lástima, Anselmo negó con la cabeza y dijo:
—Hablaré con Mateo, pero si aceptará verte o no, eso ya no depende de mí.
—Y, por favor, hazle saber esto a tus padres: si la familia Palma insiste en apuntar contra Simone, entonces, de ahora en adelante, la relación entre nosotros será exactamente la misma que tenemos con la familia Dorado.
Cristina frunció el ceño con fuerza.
—¡Estaré esperando la llamada de Mateo! ¡Quiero verlo hoy mismo!
Dicho esto, colgó a toda prisa.
Se quedó sola detrás de unas rocas decorativas, con los ojos enrojecidos.
Estaba furiosa. ¡Furiosa y dolida!
No lo entendía. Desde pequeña, todos a su alrededor le decían que al crecer se casaría con Mateo del Pozo y se convertiría en la señora de la familia.
¡Siempre pensó que, cuando creciera, Mateo se casaría con ella!
Desde niña, sin importar lo que hiciera, ¡en la primera persona que pensaba era en Mateo!
Aunque, debido a las estrictas costumbres de La Selva, rara vez se veían, ella siempre lo tenía en su mente.
En público, era sumamente cuidadosa, exigiéndose un comportamiento impecable para no avergonzar jamás a la familia del Pozo.
Desde que tenía uso de razón hasta los diez años, creyó que al alcanzar esa edad, Mateo empezaría con los preparativos del compromiso. Al fin y al cabo, en La Selva, la mayoría de los compromisos se arreglaban desde la cuna. Y si no, se oficializaban a partir de los diez años.
Tras el acuerdo de la niñez, el compromiso formal se sellaba al cumplir los dieciocho.
Una vez comprometidos, al llegar a la edad adecuada, finalmente se casarían.
Pero cuando ella cumplió los diez, Mateo jamás fue a formalizar nada. ¡Esperó tres años y él ni siquiera tocó el tema!
Más tarde, perdiendo la vergüenza, ella presionó a don Anselmo. Él también creyó que ya era hora y que si esperaban más sería demasiado tarde, así que obligó a Mateo a comprometerse con ella.
Creyó que por fin se cumpliría su sueño, pero lo único que recibió fue a la familia del Pozo cancelando cortésmente el compromiso.
A pesar de que ambas familias ya lo habían acordado, Anselmo le dijo que Mateo ya tenía a una chica que le gustaba...
¡Cuando se enteró, sintió que iba a explotar de rabia!
Ignorando por completo las reglas de La Selva y de su propia familia, salió a buscar a Mateo para exigirle una explicación, pero él se escondió y se negó a verla.
¡En todos estos días no había podido dormir en paz!
¡Tenía que encontrar a Mateo y preguntarle qué tenía de malo ella para que él la rechazara!
¡Necesitaba una respuesta, o no volvería a comer ni a dormir tranquila!

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