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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3789

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Pink miró a Ledo y le sacó la lengüita. Ledo acarició a la serpiente y le dijo:

—Claro que no. Por más loco que esté, no iría ahora mismo a la mansión de los Palma a buscar pelea. Esta vez no usaremos las manos... ¡usaremos la lengua!

Pink volvió a sacar la lengüita, como diciendo: «¿...Vamos a pelear a gritos?»

Ledo sonrió y le acarició la cabecita con inmensa ternura.

—Seguro que si discutimos les gano, pero esta vez no voy a ponerme a pelear con ellos. Pelear cansa, ¿sabes? Nosotros solo nos dedicaremos a disfrutar del espectáculo.

Pink, con mucha suavidad, frotó su cabecita contra la barbilla de Ledo.

Al ver esto, Cano también estiró el cuello de inmediato para frotarse contra Ledo. Y no solo se frotó, sino que abarcó un área mucho más grande, con una clara expresión de estar compitiendo por atención.

Ledo, sin poder creerlo, le dio un golpecito en la cabeza a Cano y lo empujó hacia abajo.

¡Qué bicho tan tonto! En vez de pensar en cómo hacer feliz a Pink, se pone a competir conmigo por atención. ¡Con razón sigue soltero, se lo ha ganado a pulso!

Al notar que alguien se acercaba, Ledo se acomodó la mascarilla, se bajó un poco el ala del sombrero y dio media vuelta para alejarse.

Al pasar el uno junto al otro, el sujeto clavó su mirada en Ledo por un segundo.

Una vez que se cruzaron, el hombre volvió a mirar hacia atrás y, al ver que Ledo no reaccionaba, se apresuró a seguir su camino.

Solo cuando Ledo sintió que el sujeto se alejaba, giró la cabeza, saltó con agilidad hacia un tejado y, agachado, comenzó a seguirlo.

Cano y Pink asomaron las cabezas al mismo tiempo, mirándolo con curiosidad, con una pregunta clara en los ojos: «¿?»

Ledo susurró:

—A plena luz del día, cuando todos están descansando, este tipo anda merodeando con actitud sospechosa. ¡Muy raro! Y si es raro, seguro hay gato encerrado. Vamos a seguirlo a ver qué trama.

Cano: «...» ¿Acaso lo conoces?

Ledo negó con la cabeza. —No, ni idea de quién sea.

Cano: «...» Si no lo conoces, ¿para qué lo seguimos?

Ledo respondió con simpleza: —Pura curiosidad.

Cano: «...» La curiosidad mató al gato.

Ledo contuvo una sonrisa y replicó:

—Cada día te expresas mejor, Cano. Tienes razón con el refrán, pero como yo no soy un gato, sino un humano, la curiosidad no me va a matar.

Pink le sacó la lengüita, como preguntando: «...» ¿No íbamos a ajustar cuentas con la familia Palma?

Ledo explicó: —Una cosa no quita la otra. Necesito encontrar a alguien que me ponga al tanto de la situación.

Apenas terminó de hablar, vio cómo el hombre se escabullía dentro de una casa. Ledo avanzó sigilosamente por los tejados.

Se agazapó sobre el techo, levantó una de las tejas con sumo cuidado y espió hacia adentro.

El lugar estaba a media luz y reinaba el caos; había cosas tiradas por todos lados. Detrás de un mostrador, un hombre vestido con la ropa tradicional de La Selva parecía estar arreglando algo.

El sujeto al que Ledo había seguido cerró la puerta en cuanto entró. Sin decir una sola palabra, sacó un paquete de entre sus ropas y se lo tendió al hombre del mostrador.

—A ver, dime cuánto vale esto.

El hombre de la casa preguntó primero: —¿Estás seguro de que nadie te siguió?

El sujeto respondió con seguridad:

—Para nada, tuve mucho cuidado. Vamos, échale un vistazo de una vez. Le puse mucho empeño y me costó la vida conseguir esto.

El hombre del mostrador no respondió. Encendió una lámpara y comenzó a examinar el contenido del paquete con muchísima atención.

Ledo nunca había visto aquel objeto y no tenía la menor idea de qué podría ser, pero por la conversación le quedó clarísimo que no era algo legal. Lo más seguro es que fuera robado.

¡Si no era robado, entonces era saqueado!

Tras analizarlo un buen rato, el hombre de la casa le preguntó: —¿De dónde sacaste esto?

El sujeto, impaciente, soltó:

—¿A ti qué te importa? Ese no es asunto tuyo.

El hombre de la casa se mantuvo firme: —Si no me dices de dónde salió, no te lo compro.

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