Eric le preguntó a Tesoro:
—¿Necesitas que te ayude en algo?
Tesoro respondió:
—No hace falta. Tú y Nilo esperen afuera también; yo sola puedo con esto.
Eric no insistió. Le hizo una señal a Nilo y ambos abandonaron la habitación.
Se quedaron montando guardia junto a la puerta. A poca distancia, los médicos de la Familia Dorado murmuraban entre sí, debatiendo el estado de Dania.
De vez en cuando, le echaban vistazos a la puerta, dudando de la verdadera capacidad de Tesoro.
Eric sacó su celular y les indicó a sus guardias que se mantuvieran alerta; tenía el mal presentimiento de que las cosas se complicarían.
Nilo observó que había terminado su llamada y preguntó:
—¿Acaso Tesoro no tiene una pésima relación con la Familia Dorado?
Eric asintió.
—Sí, es bastante mala.
Nilo quiso entender:
—Entonces, ¿por qué está dispuesta a salvar a Dania? La reputación de esa mujer en La Selva es terrible; al igual que casi toda la Familia Dorado, es egoísta y capaz de usar los métodos más oscuros.
Eric lo miró fijamente antes de devolverle la pregunta:
—¿Conoces bien a Tesoro?
Nilo se quedó cortado, pero enseguida negó con la cabeza.
—No mucho, solo por lo que he oído decir a otros.
Eric le dirigió una mirada cargada de intención y procedió a explicarle:
—Tiene un corazón enorme y siempre cumple su palabra. Aunque deteste profundamente a Dania, puesto que llegó a un acuerdo con ella, mantendrá su promesa sin dudarlo.
Nilo siguió indagando:
—¿Y qué clase de trato harían para que ella accediera a salvarla?
Eric fue tajante:
—No me corresponde darte esos detalles. Si tanto te interesa, puedes preguntárselo tú mismo.
Nilo guardó silencio.
—...
Tras una pausa prolongada, Nilo soltó otra pregunta:
—¿Ustedes ya se van a ir de aquí?
Eric respondió con tranquilidad:
—Si nada se tuerce, nos iremos pronto.
De pronto, Nilo inquirió con perspicacia:
—¿Vinieron a La Selva por ese objeto que ella buscó en la montaña?
Eric volteó a mirarlo y negó rotundamente.
—No.
Nilo notó la barrera de desconfianza. Dudó un instante antes de soltar:
—Eric, ¿tienes... dudas sobre mí?
Eric frunció el ceño, y Nilo prosiguió con un tono suave:
—Siento que me mantienes a la defensiva, como si no quisieras que pase tiempo a solas con la señorita Bello. ¿Te preocupa que le haga algún daño?
Eric guardó silencio unos segundos, calculando su respuesta.
—Nunca antes te habíamos visto, apareciste de la nada. Es normal que mantenga mis reservas.
Nilo asintió comprensivo.
—Lo entiendo, pero... ¿ni siquiera confían en el Patriarca de mi familia?
Eric fue franco.
—Al principio tampoco confiábamos en él; fue con el trato y el tiempo que nos ganamos esa confianza.
Antes de llegar a La Selva, su equipo había revisado todo el historial de Don Anselmo del Pozo hasta el cansancio.
Aunque es imposible saberlo todo, su historial de acciones demostraba que era un hombre íntegro y con una brújula moral bien orientada.
Además, su manera protectora de tratar a Tesoro dejaba en claro que jamás le haría daño.
Pero el caso de Nilo era distinto.
No había registros suyos, e incluso Don Anselmo se mostraba evasivo respecto a él. Eso los llenaba de inquietud.

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