Nano rápidamente se aferró al borde del abrigo de Tesoro.
—Adonde ella vaya, yo iré. Ya nunca volveremos a separarnos.
Laín y Miro se rieron. Al ver que Carol, Aspen y Abel se acercaban, ambos dijeron al unísono:
—Mamá. Papá. Señor Abel.
Carol envolvió a sus dos hijos mayores en un fuerte abrazo, rebosante de entusiasmo:
—¡¿Cómo es que llegaron de sorpresa?! No nos avisaron nada. ¿En qué se vinieron?
Laín sonrió: —Queríamos darte una sorpresa.
Miro añadió: —La escuela nos proporcionó un transporte privado directo desde el campus.
Carol se quedó estupefacta: —...¿Un transporte privado? ¿Y dónde están los enviados de su escuela?
Miro explicó: —Tenían otros compromisos. Nos dejaron en la puerta del hospital y se marcharon de inmediato.
Carol suspiró con gratitud: —Su escuela los trata de maravilla. La próxima vez debemos expresarles nuestro agradecimiento.
Abel intervino con sarcasmo: —Ellos deberían agradecernos a nosotros. Todos los demás estudiantes iniciaron sus vacaciones hace tiempo, y retuvieron a Laín y a Miro en el campus como mano de obra gratuita.
Laín rio ligeramente: —Nosotros fuimos voluntarios. Señor Abel, ¿y la tía Dúnya?
Desde que Abel y Dúnya habían formalizado su relación, Laín había empezado a llamarla "tía" por respeto al íntimo amigo de la familia.
Abel respondió: —Está en el club ecuestre. La verán en la cena. Ha estado preguntando muchísimo por ustedes.
Laín asintió: —Nosotros también queríamos verla.
Tras los saludos de rigor, Laín se dirigió a Aspen: —Papá, nos enteramos de que Lázaro está aquí internado, ¿es verdad?
Aspen asintió: —Sí, pero hablaremos de ese asunto más tarde. Vámonos a casa primero.
Y volteando hacia Carol, preguntó: —¿Nos podemos ir ya?
Carol: —Sí, no va a despertar en las próximas horas, y el Dr. Nathan se quedará a cargo.
Se volvió hacia sus dos hijos y declaró con entusiasmo:
—¡Andando! Mamá les preparará todos sus platos favoritos.
Laín y Miro asintieron a coro: —¡Genial!
Abel se despidió: —Señor Bello, llévense a los chicos. Yo continuaré con la búsqueda de Manuel.
Aspen asintió: —Mantenme informado de cualquier novedad.
Abel: —Entendido.
……
...
Jardín Número Uno.
En cuanto llegaron a casa, Carol se dispuso de inmediato a preparar la comida para los chicos.
Aspen se ofreció a ayudar, pero ella lo expulsó de la cocina sin contemplaciones.
—Ve a resolver tus asuntos, que sé perfectamente lo ocupado que estás hoy. Los chicos no se irán a ningún lado; tendrás todo el tiempo del mundo para lucirte. Hoy déjame brillar a mí.
Ella sabía que él cargaba con demasiada presión, pero él también se preocupaba por ella.
—Me cuidaste toda la noche, y esta mañana estuviste atendiendo a Lázaro en el hospital. ¿No estás agotada?

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